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martes, 17 de julio de 2012

La paz de la muerte


Falleció mi tía, la que estaba enferma. Murió de cáncer, no sé más detalles. Se fue en un par de meses, pero deja tras de sí un halo de buenos recuerdos. Prima hermana de mi mamá, tuvo cuatro hijas contemporáneas a nosotras. Nuestras familias compartieron mucho. Mi papá y mi tía se alternaban para llevarnos a la playa en vacaciones y a las fiestas en nuestra adolescencia. La muerte se había llevado por delante a una nieta y a una hija, con las cuales ya debe estar reunida.

Con la llegada de sus nietos se convirtió en “La Mocita”,  no permitió que le dijeran abuelita. Así era ella, tenía sus detalles.

De una extraña manera hemos estado conectadas. Yo sabía que su partida estaba cerca y le envié un mensaje con mis primas. Firmé como Miski, porque ella seguía mi blog. Me admiraba por mi valentía al contar las cosas. Recibí respuesta, tenía un par de libros para mí.

Cuando me dieron la noticia esta mañana no sentí tristeza, sentí paz. Mi tía se ha ido en paz, rodeada del amor y cariño de su familia.

Yo la recordaré siempre al observar las flores de mi violeta.


Señor, gracias por la Vida y por el Amor que experimentamos en esta travesía terrena. Gracias por las personas buenas que nos pones en el camino. Gracias por permitirnos morir rodeados de nuestros seres queridos, luego de una larga y provechosa vida.

sábado, 14 de julio de 2012

La felicidad del Gozo


Cuando pensé en abrir este blog, mi intención era escribir sobre el contraste entre las cosas que te llenan de felicidad y las que te traen abajo apenas unos días después.

Recuerdo una conversación con mi cuñado Carlos, acerca de la forma en que yo vivía la vida o cómo la sentía. Un día soy feliz al máximo porque logré algo o algo bueno pasó y al otro estoy decaída porque la vida me ha golpeado. Para mí resultaba muy desgastante pasar de la alegría  a la tristeza de golpe.

No se trata de mí, no soy bipolar. Se trata de la vida.  Me casé con el hombre que yo consideraba mi otra mitad y sentí una gran felicidad, a los cuatro meses me operaban de cáncer. Terminé mi tratamiento ¡qué felicidad! Me separé a los dos meses. Sí estas vivencias contrastadas me parecieron violentas,  el ritmo de los contrastes en mi vida ha ido en aumento con los años. Sustenté mi tesis de maestría un día 13 de diciembre, el día 17 celebraba el décimo aniversario de mi publicación más vendida y el día 22 me diagnosticaron los nódulos peritoneales. ¡Plop! Sentí como si tuviera el karma de que la felicidad me durase poco.

Mi cuñado que es de ascendencia china me explicó que los sabios chinos viven la vida en equilibrio, ni muy felices ni muy tristes. Yo no podía imaginar una vida así de aburrida. Me resultaba impensable.
Pero ahora he cambiado. 

Ayer realicé los ejercicios del código curativo que corresponde a la virtud del Gozo. Buscando una frase de enfoque de verdad con la que me identificara encontré la siguiente: “La felicidad depende de las circunstancias. El gozo llega a pesar de las circunstancias. Yo elijo el gozo”.

Cuánta verdad en la frase y qué oportuna en mi vida. Yo nunca me había puesto a pensar en que gozo y felicidad fueran diferentes. Según Google, gozo es el “Sentimiento de placer, satisfacción o alegría por el disfrute de una cosa”, mientras que la felicidad es un “Estado de ánimo de la persona que se encuentra plenamente satisfecha al tener lo que desea o disfrutar de una cosa buena”.
Es decir el gozo es un sentimiento, la felicidad es un estado de ánimo, es decir algo pasajero.

Y ahora que reflexiono al respecto, gracias al gozo es que yo puedo contar cosas divertidas o exaltarme, a pesar de que me encuentro en un periodo de relativa no-felicidad.  

Luchar contra el cáncer no te da felicidad, tal vez te la opaque, pero no te impide gozar de la vida. El gozo está más allá. ¡Qué maravilla!

¿Por qué toda nuestra cultura apunta a ser felices, en lugar de ser vivir gozosos? Esa es la clave de la verdadera felicidad. No depender de las circunstancias sino de tu deseo profundo de ser feliz pase lo que pase, es decir vivir en gozo o con gozo (esto es tan nuevo para mí que no sé ni cómo conjugar los verbos con este sustantivo).

Gracias, Señor por haber puesto esta lectura en mi camino. Por permitirme descubrir a mis 50 años que existe el gozo y que así como el amor es un sentimiento que no se afecta por las circunstancias (…o que no debería). Recuérdame siempre que el gozo de vivir es un regalo tan valioso que no puede opacarse por asuntos terrenales.

miércoles, 11 de julio de 2012

Una violeta llamada Asunción


Hace unos días  me compré la violeta africana que quería, está repleta de flores de un color violeta indeterminado. La he llevado conmigo a mi nuevo hogar  y la he trasplantado a otra maceta. Mientras lo hacía, muchas imágenes vinieron a mi mente: mi mámá, pionera en el asunto de la violetas , y mi tía Asunción, quien descubrió también el gusto por cultivar violetas y llegó a tener ejemplares dignos de concurso.

Mientras la acomodaba me hacía la idea que mi tía me la había regalado, y la he bautizado con su nombre. Nunca antes le había puesto nombre a una planta, pero lo he hecho para sentirme cerca de ella, ahora que está enferma y no puedo verla.

La noticia de su hospitalización me ha golpeado, yo hablé con ella hace menos de dos meses y se le oía muy bien. Aunque es una de mis tías más queridas, he decidido no visitarla. No me siento lo suficientemente fuerte emocionalmente para brindar apoyo, además está en la misma Clínica donde estuvo mi mamá, y eso  todavía me produce conflicto.

En estos días,  también hice un código curativo de El Perdón, no es nada sencillo, porque hay tanto que perdonar en la vida, sobre todo a una misma. Hay cosas que pasan y, entonces, uno tiene que perdonar a Dios, a la vida o al destino. Hay gente que te defrauda y que tienes que perdonarla. Y hay cosas que hacemos a diario por las cuales luego tendremos que perdonarnos.

Cuando pienso que ya no tengo nada que perdonar, me doy cuenta que todavía hay cosas que me molestan, algunas de ellas insignificantes pero ahí están. Bueno, difícil vivir sin tener que perdonar.

Por estos días he pensado mucho en mis primas, que la deben estar pasando mal: en mi tío, que aún no debe salir de su asombro con esta situación repentina. Cuando pienso en mi tía, siento que ella es la que menos sufre. Nada debe compararse a la muerte de mi prima Adita, diez años atrás. Ella impotente sin poder hacer nada por cambiar el destino de su hija. “Todo va a estar bien” le habría prometido, rogando por un milagro que no llegó. Su misión era darle fuerza y apoyo, aunque su corazón se quebraba en mil pedazos y se volvía a pegar una y otra vez.

El cáncer se ha llevado a muchos seres queridos en mi familia, a pesar que hay más probabilidades de sufrir un accidente  de tránsito. Me pregunto si es un asunto de genética o de creencias dañinas, mal manejo de sentimientos  o hábitos alimenticios destructivos que se han transmitido de generación en generación. Aun espero la respuesta.


Señor, dame fuerzas para aceptar tus designios. Dale fuerzas a mi tía para afrontar su enfermedad. Ilumínanos a todos para que podamos perdonarnos unos a otros -y a nosotros mismos- para aliviar la carga de culpa que puede llegar a enfermarnos. 

viernes, 23 de marzo de 2012

El soplo de vida


Hace unos 14 años más o menos descubrí la verdadera  dimensión del soplo de vida. “Éramos tan solo un trozo de barro hasta que el Creador nos infundió  el soplo de vida y nos convirtió en hombres ( y mujeres), al principio inmortales y luego mortales”. Es decir nuestro soplo de vida se limitó y desde entonces venimos con fecha de vencimiento.

¿Cuánta carga de vida nos tocó? Es algo que no sabemos. Normalmente sentimos que nuestra vida será larga e intensa, de niños y jóvenes no “pensamos” en el soplo de vida, simplemente lo “disfrutamos”.

En el año 2007 me sometí a trentitantas sesiones de radioterapia con la Bomba de Cobalto. Conforme avanzaba el tratamiento mi cuerpo iba perdiendo su energía natural a golpe de radiación y diarreas continuas. Se me hacía difícil caminar, estar mucho rato sentada era incluso un gran esfuerzo porque el cuerpo quería desmoronarse. Mi vida se regía por periodos de dos horas, dos horas de actividad, dos horas de sueño… ¡y qué sueño!! Yo acostumbraba decir “Voy a recostarme porque si no me caigo desplomada”, y eso era lo que realmente sentía. Yo sentía miedo de perder el aliento y caer rendida –literalmente-.

Ahí fue que empecé a pensar en el soplo de vida “esto que se me está acabando es el soplo de vida” reflexionaba. Y pensé tanto al respecto que llegué a sentir claramente que yo era una mujer joven atrapada en un cuerpo que estaba envejeciendo y del cual yo no tenía control. Entendía perfectamente a Platón cuando hablaba del cuerpo como una jaula para el alma. Fue la primera vez que tuve la certeza que el soplo de vida se refiere a la vida de nuestro cuerpo orgánico, pero no al otro tipo de vida o existencia. De ese periodo de reflexión o meditación descubrí que hay una vida a la que siempre despertaré aún cuando caiga desplomada, de eso estoy segura.

Esta cuarta quimio me ha recordado que el soplo de vida no se infundió igualitariamente entre todas las personas, unas resisten más que otras. Y conforme avanzan las quimios la amenaza va creciendo. Levantarse puede ser un acto heroico, sentarse en la computadora por 10 minutos puede ser “la” tarea del día y descansar puede convertirse en tu misión salvadora.

Es cierto que una buena dosis de hidratación, electrolitos, y demás medicamentos directamente a la vena ayudan, pero me temo que pueden crear dependencia. Pero ¿a quién le importa?


Señor, gracias por el tremendo soplo de vida que me infundiste y que está aguantando gracias al ejército de ángeles que me acompañan y me sostienen cuando lo necesito. Estoy en deuda contigo… mejor dicho, sigo en deuda contigo…

martes, 13 de marzo de 2012

Cuando nos llega el día


Estaba tan preocupada por controlar mi ansiedad respecto a mi cita de hoy que me descuidé de llamar para saber cómo seguía mi tía N, una guerrera muy querida que luchaba contra un cáncer de colon desde hace dos años y medio.

Alguien me dijo hace poco que ella estaba malita, cerca a la fase final. Me chocó mucho enterarme de su situación porque ella había luchado mucho, había hecho tratamientos modernos y se había convertido en caso de estudio en un prestigioso hospital americano.

No tuve el valor de llamarla, la verdad no sabía qué decirle y no me sentía con la suficiente fuerza para consolarla. Nuestro último contacto fue cuando le conté que había abierto mi blog.

Años atrás ella me había dado un lote de videos educativos para personas con cáncer, cuando tuve la primera idea de armar un club de sobrevivientes para apoyar a las mujeres que contraían cáncer por primera vez. Ella me contó que en Estados Unidos se le daba mucha importancia al apoyo emocional y a la autoestima de la paciente (verse bien, sentirse bien). Pero mi proyecto quedó frustrado, mejor dicho pospuesto hasta nuevo aviso.

El domingo recibimos una llamada muy temprano por la mañana. Mi tía N había partido. Se fue como en un dulce sueño luego de despedirse de sus seres queridos. Ella pidió que le controlaran el dolor y nada más, y su familia respetó su deseo.

Me sentí muy rara con la noticia, extrañamente serena y no lloré. Fui un breve momento al velatorio y la vi llegar, me despedí de ella y dejé una carta.

Yo me había extrañado por no sentir nada, ninguna conexión con mi tía, pero esa mañana tuve el impulso de escribirle una carta expresándole mi cariño. No sabía por qué pero mis recuerdos me llevaron a contarle que siempre me había fascinado su dormitorio adornado por la figura de ella y de mi tío mirándose frente a frente a punto de darse un abrazo. Se suponía que no debíamos entrar a su habitación pero las chicas -éramos 6 chiquillas adolescentes en esa época- nos refugiábamos justamente ahí para seguir la fiesta desde la ventana.

Era nuestra tía más joven, la más moderna, la que nos trataba como amigas.

Le dije también que la recordaría siempre como en una foto que había colocado en facebook, joven, linda con un paraguas rojo que la enmarcaba. Me la imaginé bailando libremente, fundiéndose con la brisa, el viento y la tormenta. Y esa idea, que ella hubiera vuelto a su esencia o ser esencial- como dicen algunos- me daba paz.

Al conversar con mi primo C, su hijo, entendí porqué había tenido esos recuerdos y no pude contener el impulso de entregarle la carta. Mi misión estaba cumplida.

La vida te ofrece momentos mágicos, pero hay que estar atentos para descubrirlos. La muerte es uno de ellos.


Gracias, Señor, por las vidas plenas, intensas, ejemplares. Gracias, Señor, por este regalo que se llama Vida, no importe cuánto dure. Gracias, Señor, por la fuerza que nos das para seguir adelante y agradecer cada nuevo día. Acoge a mi tía N y dale coraje a toda su familia para soportar su partida.