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martes, 5 de noviembre de 2013

PATATÚS!!!

Hace casi dos meses que volví a trabajar, luego de ocho meses de descanso médico y ya necesito vacaciones.

Ha sido muy iluso de mi parte pensar que voy a volver a ser la misma, ilusos también mi médico y mis compañeros de trabajo. Contra todo mi espíritu luchador y optimista me tengo que conformar y aceptar que NO soy la misma de antes- al menos por ahora y entiéndase ahora como un prolongado presente-.

Mi hígado ha quedado muy sensible y al menor contratiempo me da un PATATÚS. Si como algo grasoso como un pan con mantequilla me da PATATÚS. Si voy a tener un día tenso amanezco con todos los síntomas del PATATÚS.

Mi estómago se pone rígido, literalmente como tener el estómago hecho un nudo, me da dolor de cabeza, no siento que respire lo suficiente y me pongo lenta, muy lenta.

Hoy amanecí con esa sensación horrible, quise ganarle y me sobrepuse, pero a media mañana estaba a punto de vomitar, con esa sensación de que el estómago te da vueltas. Lo único que quería era tirarme a mi cama pero no podía.

En cuanto me convencí que no podría ir al trabajo, tuve que prepararme una sopa de dieta porque a pesar de todo yo siempre tengo apetito. Yo pienso que al comer se disuelve la bilis y uno mejora, así que tuve que hacer guardia hasta que estuvo listo mi almuerzo y recién después pude pegarme una siesta.

Al despertar seguía con el malestar, aun así tuve que hacer una gestión cerca a mi casa, pero tuve que renunciar a asistir a una celebración importante en mi trabajo. ¡No me daba el cuerpo!!

Cómo habré estado de aturdida que me olvidé de ir a pagar mis tarjetas de crédito que vencían hoy… ni modo. Cuando me di cuenta ya no lo podía hacer ni por internet.

Pienso en la razón del PATATÚS: ¿Mucho estrés?, ¿Mucho cansancio?, ¿Algo que comí?, ¿Algún colerón?, ¿Miedo a reencontrarme con la gente?? ¿O será que ya faltan solo 10 días para mi próximo control médico…? ¡No había pensado en eso…!

Estos ataques de pánico me hacen recordar al año 1997, luego de que me hicieran radioterapia por mi segundo episodio de cáncer. Fue la época más horrible de mi vida, me moría de miedo de morirme  y, por las noches, acostumbraba a imaginarme lo que sería la muerte, hasta que me convencí que la muerte sería algo agradable.

Realmente necesito tomarme un tiempo para poner mis ideas en orden y seguir mi recuperación aun no estoy lista para afrontar el estrés propio del trabajo, al menos no en las condiciones actuales. Estos últimos días varias personas me han recordado que no debo estresarme, y eso me estresa porque tengo muchas cosas que hacer contra el reloj. ¡Estoy atrapada en un estresante círculo vicioso!



Gracias, Señor por las vacaciones que aún me quedan porque no tomé a causa de la enfermedad. Ahora puedo aprovecharlas y recuperarme. Tú sabes que las necesito. 

jueves, 18 de abril de 2013

¡Voy por dos!!!!

Ayer me pusieron el refuerzo de mi cuarta quimioterapia, hoy tendré la sesión de hidratación. ¡Ya sólo me quedan dos más!!!!

Debo reconocer que el doctor ha establecido una dosis óptima, porque los estragos son mínimos.

El mayor malestar de esta última quimio ha sido el reflujo. Felizmente me agregaron un medicamento extra a la hidratación y me recetaron Dislep para la casa cada 12 horas y con eso se contuvo.

Otra molestia que he sentido me la producen las vacunas de Filgrastín, básicamente sensación de fiebre y dolor de huesos que me obligan a tumbarme a descansar, pero se trata de un sacrificio de cinco días a cambio de que mis leucocitos suban y resistan los medicamentos  para poder recibir el refuerzo  que termina por tumbarlos pero en límites tolerables.

Realmente no tengo de qué quejarme, como bien, me doy gustitos cada vez que mi cuerpo me lo pide y le he perdido el miedo a la diarrea. Ahora sé que la diarrea me va a acompañar como o no coma, o dicho con mayor precisión, coma dieta o no. Siempre tengo a la mano una bebida con electrolitos y así voy  tolerando mejor ese cansancio tremendo que me puede llegar a producir.

Como me he sentido tan bien, estoy pensando cómo voy a pasar mi cumpleaños, tal vez me anime a hacer algo, tal vez un almuercito familiar, algo íntimo pero con alegría. Justo esa semana descanso de la quimio, así que tendré energías y buen apetito. El año pasado me pusieron mi última quimio justo para mi cumpleaños número 50 y aunque estaba feliz porque ya terminaba el tratamiento, tuve que dejar de celebrar como me hubiera gustado. Ya habrá ocasión más delante de celebrar a lo grande.

Por ahora ando ocupada penando en cambiar mi auto por uno automático porque manejar es realmente una tarea ardua. El timón me pesa, el freno y el embrague me cansan, mis reflejos andan lentos. De momento no manejo, me movilizo en taxi-remisse. Tengo un amigo que lleva, me trae, voy feliz en un auto nuevo con aire acondicionado y todo. Me siento como una reina, como la reina que soy…

También tengo la mente ocupada en escribir, en soñar y desarrollar proyectos que me puedan servir a futuro. En estos días tengo muchas ideas, quiero hacer muchas cosas como Miski Guerrera, quiero colaborar con mi granito de arena. Y además están los trámites laborales, presentar los documentos para el descanso médico y estar pendiente para que no me vaya a dejar sin mis haberes en el trabajo. El mes pasado no me pagaron algunos días y este mes me tienen que reintegrar.

Anoche, me fui a acostar muerta de cansancio. Me tendí en la cama, me relajé  y reconocí la sensación. ¡INSOMNIO!!! El cuerpo agotado y la mente despierta bullendo a mil por hora. Luché contra el insomnio con mis aceites relajantes (Oleo 32 de Just), ejercicios respiratorios, etc. pero fue en vano. A la 1.30 de la madrugada ya me encontraba explorando las redes sociales, revisé mis correos pendientes, organicé mis pendientes, hasta que ala 3.30 am ya estaba lista para dormir. La mente estaba ligeramente aletargada pero mi cuerpo ya no daba más.

Este insomnio no es producto de mis angustias personales, es efecto de la Dexametasona que me colocan. Es un Insomnio diferente. Es un estado de aceleración especial, tengo mucha mayor lucidez que la habitual. La Dexametasona es una droga que sirve para muchas cosas, pero yo siento claramente que estoy drogada. Voy a pedir que me revisen la dosis, no vaya a ser que me acostumbre al avivamiento de la Dexametasona que es mil veces más potente que el café (que no consumo hace años) o la coca-cola.

Ahora estoy pagando las consecuencias. El efecto ya pasó. Acabo de terminar el desayuno y tengo que volver a la camita porque se me cierran los ojos.

 

Señor, gracias por este tratamiento que tolero como si fuera el más benigno. Gracias por la fuerza y coraje que me das para ayudarme a mi misma y ayudar a los que me rodean. Bendice a todo el equipo de quimioterapia, a las enfermeras, las técnicas, la doctora que revisa nuestro caso cada día de tratamiento.  

 

 

domingo, 7 de abril de 2013

Mañana es el día…

Se preguntarán por qué no he escrito… He estado aturdida tratando de no pensar en los resultados que me entregarán mañana en mi control con el oncólogo. En momentos así los nervios te traicionan. Al menos a mi me da un hambre que podría comerme un caballo. He comido tanto que he estado al borde de la indigestión varias veces.

Tengo fe en que mañana todo saldrá bien y comprobaremos que la radioterapia dio resultado y ya no hay huella de los nódulos. Pero al mismo tiempo me da pánico de que me encuentren algo más. Yo no soy consciente del pánico pero sí reconozco sus señales.

No puedo poner en orden mis ideas, así que trato de distraerme con algo de jardinería, con mucha televisión y lectura de libros infantiles. No tolero historias tristes ni estresantes.

Mañana les contaré como fue y seguramente reconoceré que es un momento de debilidad y que no debo flaquear en mi fe. Pero yo me perdono, tengo derecho a este desliz… no soy un robot. Tengo temores, miedos, angustias pero por suerte también tengo amigos y amigas, familiares y muchos ángeles alrededor mío.

 Señor, dame valor, coraje y fortaleza para acudir a mi cita y no morir en el intento.

jueves, 14 de marzo de 2013

Murió un luchador


Ha ce una semana, cuando me enteré de la muerte de Hugo Chávez, el presidente venezolano, sentí mucha pena. Nunca fui su simpatizante en política, pero en los últimos meses estuve preocupada por su estado de salud. Algo de empatía se desarrollo entre nosotros.

Cuando yo estaba en mi cama tratando de ahorrar fuerzas para sentarme en la computadora y enviar un e-mail de trabajo, imaginaba lo que sería para él dar órdenes para el gobierno de un país desde una cama y un catéter respiratorio que le impedía hablar.

Pensaba en lo que él podía sentir en lo que él querría decir, realmente.

La vida da muchas vueltas, la mayor de ellas es pasar de la fortaleza física, de ser un invencible a convertirte en un paciente que va viendo mermar sus fuerzas, por una operación, primero, por un tratamiento agresivo, después, por un pronóstico negativo luego y empezar nuevamente el ciclo.

No hay hombre de acero que no se ablande con los golpes de la vida. La palabra paciente está muy bien puesta. Seguro que los sabios griegos  la crearon, porque al enfrentar una enfermedad debemos desarrollar una cualidad: la paciencia. Paciencia para sanar o para vivir con la enfermedad hasta el fin de nuestros días.

Pensaba si Hugo Chávez pensó en política al final de su vida o si pensó en su vida personal, en su familia. No hay forma de saberlo, solo de intuirlo. Yo creo que debe de haber sufrido mucho si fue consciente de que iba perdiendo la batalla, si se vio disminuido como líder. No debe haber sido fácil.

Lo real es que ya está descansando, ya no sentirá más debilidad, no más dolor, no más conflictos internos. Llevó una vida plena a su manera y vivirá en el recuerdo de muchísima gente.


Señor, enséñanos a aceptar con humildes las limitaciones de esta enfermedad o las que nos acarrean los efectos del tratamiento. Danos fortaleza física y moral para no desfallecer y luchar con esperanza y fe. Da sabiduría y mucho amor a nuestros familiares y amigos que nos ayudan en este proceso. Cólmalos de bendiciones. 

Vuelve la calma


Rompo el silencio de dos semanas para decirles que todo va bien. Mi laptop enloqueció y no captaba internet.

He superado la segunda sesión de quimio con todo y su refuerzo. Esta vez me pusieron una dosis menor y como los riesgos estaban ya calculados, mi organismo no ha sufrido tanto como la primera. 
Después de mucho argumentar mi doctor logró que el seguro me aceptara las vacunas de Filgastrim y entonces mis leucocitos subieron y resistieron el batacazo de la Gemcitabina y el Doxatel.

Yo, por mi parte, me he dedicado a descansar y alimentarme bien. Esa es mi tarea.

Esta semana empezó con una sensación saludable. El lunes me sentí más fuerte, ya desintoxicada, aunque persistía la urgencia de ir al baño. El martes me saqué la muestra de sangre por la mañana y por la tarde me fui al cine- ¡por fin!!!-  Ayer miércoles fui al doctor, me confirmó que mi cuerpo ha respondido bien y que el próximo miércoles empezamos la tercera sesión de quimio con el mismo esquema. Ya estoy en la mitad del tratamiento ¡No lo puedo creer!!

La primera semana de abril me sacarán una nueva resonancia magnética de abdomen y pelvis para chequear cómo va todo.  La última fue en noviembre y mostraba los dos nódulos que originaron la radioterapia y este tratamiento complementario de quimioterapia. Empiezan las angustias…

Me quedan seis días con fuerzas antes de tercera quimio. Debo aprovecharlos al máximo. Quisiera bailar, quisiera pasear, ordenar mi clóset, encargarme una nueva peluca, recoger la que dejé en la peluquería. Debo ir al banco, hacer un trámite en la AFP, llevar mi auto al mecánico... Ya me toca la revisión técnica… Quisiera escribir, olvidarme de todo y escribir mucho, mucho, mucho. Pero el día tiene solo 24 horas, y entre el sueño nocturno, y la siesta me quedan unas 14 disponibles. De estas, paso unas 3 horas preparando mis alimentos y comiendo, restemos una hora de ducha por la mañana y varias incursiones al baño queme deben tomar como una hora más en total. Me quedan 9 horas. Si por cada hora productiva necesito dos horas de descanso, realmente mi día tiene unas 3 horas en las que puedo resolver cosas. El resto del tiempo se lo dedico al ocio reparador o descanso.


Gracias, Dios Mío, por gozar del privilegio del descanso médico. Puedo dedicarme a sanarme sin preocupaciones, sabiendo que a fin de mes cuento con mi sueldo. Gracias a todos los que lucharon por obtener ese derecho y a todos los que me apoyan para hacerlo realidad.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Día 14 de mi primera quimio- Tercera Batalla


Hoy tengo control con mi oncólogo. Espero resolver muchas inquietudes.

·        ¿Estos malestares han sido porque mi cuerpo estaba aun recuperándose de la radioterapia o son producto de la Gemcitabina y el Doxatel?

·         Los días 3 y 4 fueron los peores, porque al parecer se pasa el efecto de los medicamentos preventivos y se me desató la diarrea. Y tener diarrea con un intestino que parece estar paralizado es muy doloroso. La sospecha de infección se debía a que con las heces botaba mucosidad, pero también es señal de que ya no hay más que botar. Me dieron antibióticos pero no los tomé. Yo estaba segura que no se trataba de una infección y quería evitar el dolor de estomago que producen las pastillas.

·         Dos días después del refuerzo, y uno después de recibir la primera vacuna de Filgrastin, el día 9, mi cuerpo hizo fiebre de 38 grados y el estómago se soltó (se pulverizó). Aunque la fiebre es un efecto secundario de las vacunas, surgió nuevamente la sospecha de infección  y he tomado ciprofloxacino de 500 mg dos veces al día durante cinco días. Esta vez no me salvé. Pero mi estómago siguió suelto todo el tiempo.

·         Si vamos a medir mi calendario en 3 semanas por ciclo y dos de esas semanas voy a estar con diarrea y dolor de estómago, tengo que pensarlo nuevamente. A veces me pregunto si mi cuerpo aguantará tanto deterioro. Nadie se preocupa de mi corazón, no me han hecho un riesgo cardíaco para ver si voy a resistir. Nadie me ha preparado emocionalmente para esto.

·         Ha habido días durante los cuales he sentido que he perdido todo el agua de mi organismo, se me ha secado no solo la garganta sino el paladar, la lengua, la campanilla. Aun recibiendo el suero esa sensación es horrible. Me dijeron que era efecto de la buscapina (intravenosa). Yo prefiero el dolor  de barriga, definitivamente.

Vamos a ver qué me dice hoy el oncólogo. ¿Cómo podemos hacer para mejorar este tratamiento?


Gracias, Señor, por los días buenos, por la salud plena, por la buena hidratación y por la buena digestión, que es clave en nuestra vida. Gracias por los ángeles que me acompañan, me hacen la dieta, me compran los medicamentos, me engríen y sobre todo, me suben la moral. Bendícelos con tu gracia.

jueves, 31 de enero de 2013

Unos días libres


El viernes pasado terminé mi radio (25 sesiones) y el próximo martes empiezo mi quimio, la tercera quimio de mi vida (o por mi vida). Entonces disfruto unos días libres, para recuperar mi organismo, prepararme anímicamente y darle curso a ciertos pendientes.

El doctor debe haberse reunido en junta de médicos para decidir el mejor tratamiento para mí, yo le he dicho que lo dejo en sus manos y nos vemos el martes… Cuanto menos sepa, mejor.

Mi situación es bastante prometedora, sin embargo a mí me interesa conocer los riesgos. El radioterapista dice que no se puede dar radio a la misma zona dos veces (yo no sabía eso), es decir que si mis nódulos no hubieran desaparecido no me podrían volver a radiar.

Mi oncólogo, ha tenido que estudiar los químicos que me pusieron antes, los que me puso él hace un año, para optar por la combinación adecuada en este momento. Yo le pregunté por los tratamientos biológicos (esos que te hacen especialmente para tu tumor y no te trae efectos secundarios) pero dice que no se adecua al tipo de cáncer que yo tengo. Me explicó que se aplica para mama, para colon y algunos más pero no para mi caso. Tal vez más adelanto me dijo, no quise preguntar por qué.

A veces hay que dejar espacios para el misterio, para la confianza en el médico, para que Dios actúe con toda su bondad y sabiduría. No podemos controlarlo todo.

Yo vivo estos días como una cuenta regresiva, equilibrando lo que quiero hacer con lo que tengo que hacer. No sé cómo reaccionará mi cuerpo, esperemos que tolere bien el tratamiento.

Sé que tengo que tomar algunas precauciones importantes ahora que vivo sola, tal vez me mude unos días, tal vez no. Ya les contaré.


Gracias, Dios Mío, por las nuevas oportunidades que nos pones delante, gracias por la esperanza de recuperación, por la fuerza para luchar, por el apoyo de médicos, amigos, familiares. Gracias por todos los ángeles que me envías para sostenerme. Y muchas, muchas gracias por este regalo de la vida.

domingo, 20 de enero de 2013

¡Me faltan 5 sesiones!!!! A celebrar!!!


El viernes fui a mi control con el médico radioncólogo, el doctor M, y después de evaluarme me dijo que ya no me iban a dar 28 sesiones de radio, sino solo 25. ¡YEHHHHHH!!!! Es decir el próximo viernes termino.

Estaba tan emocionada por la noticia- que yo la tomé como buena- que no averigüé exactamente por qué. El doctor me dijo que no querían que se me formaran fibrosis ni nada por el estilo porque la zona ya había sido irradiada anteriormente. ¿Tendría algo que ver con la cistitis que me ha empezado hace una semana?, justo el día en que estoy casi-segura que me emitieron los rayos por encima de mi vientre y no por debajo… como es usualmente.

Lo cierto es que el doctor me recetó Frutaenzima para ayudar a la digestión y el Piridium tres veces al día para la cistitis, por cinco días más. Pero esa tarde el dolor de la vejiga fue atroz. No podía aguantar casi nada de pila y al orinar me venía un ardor horrible (como si me exprimieran limón en una herida). Gracias a Dios, el dolor ha ido cediendo y es más tolerable.

Para olvidarme de mis males fui ayer a una clase de danza árabe sanadora. Y puse en suave movimiento mis articulaciones irradiadas, mi pelvis adolorida. Mi cuerpo y yo disfrutamos la clase, que fue solo movimiento porque no pudo ser acompañada de música porque –para quienes me conocen-  hubo un repentino apagón en la zona esa mañana.

Estos días estoy de peatona. He dejado mi carro en el taller y creo que lo voy a vender. Manejar me estresa un montón, y como no estoy yendo a la playa, me puedo movilizar en micros o en taxis.

A pesar de  todos mis temores, porque la radiación que recibí hace 15 años me dejó un poco más que paralizada, me sorprendo de poder caminar o hacer ejercicio sin que me duela la cintura. El doctor se sorprendió cuando le dije que me iba a meter al gimnasio. “No haga nada que fuerce su organismo…” me sugirió. Pero yo bailo zumba y hago gimnasia, dos veces por semana, y en casa le doy a la bicicleta estacionaria, porque los pies amenazaban con provocarme calambres.

Tal vez ayude el hecho que he recibido Okiyomé (la luz divina de los mahikaris) de la mano de una amiga sanadora, he visitado a mi doctora bioenergética, tomo las hierbas chinas y cada dos días me coloco emplastos de arcilla bioactivada en la zona irradiada.

He descubierto que amo mi cuerpo gordito, irradiado, pinchado, marcado (llevo tres círculos con una cruz al centro, cual miras telescópica como guías para la radiación).Mi cuerpito de 50 años que va camino de los 51 ya ha recuperado el cabello, no ha tenido problemas con los dientes, soporta bien la diarrea y ahora está venciendo la cistitis. Amo mi cuerpo con sus arruguitas, sus rollitos de más, sus venitas como arañitas. Es un cuerpo que ha vivido y que ha luchado. Es un cuerpo que quiere seguir viviendo y al que pronto voy a premiar con unos días frente al mar y con ropita bonita para estrenar…

Gracias, Señor, por el apoyo de los sanadores amigos, gracias por esas palabras de aliento o por el comentario oportuno que nos llega de la voz de un ángel – uno de tus muchos ángeles-. Gracias por la ilusión, por los sueños, por la esperanza, por la fe y, sobre todo, gracias por el Amor, tú gran amor.

viernes, 18 de enero de 2013

Veinte sesiones


Hoy tendré ni control por las 20 sesiones de mi tratamiento de radioterapia. Me faltan ocho y habremos finalizado este capítulo de mi lucha contra los nuevos nódulos.

Ayer conversaba sobre mi situación con un primo, entre nos, un gurú en comida natural, autocontrol y un iniciado en el tema del ayahuasca. Para mí, es un sanador.

Conversamos sobre mi consulta a mi doctora bioenergética, lo que ella me había indicado “Hay algo que tienes que resolver, que aún no has logrado.” Algo que tiene que ver con mi maternidad (no maternidad en mi caso), mi familia, mi filiación en el sentido más amplio.

Sí, es verdad, la presencia de estos nódulos me ha golpeado, me ha herido profundamente en mi ego. Yo soy muy competitiva y esos nódulos me han tomado desprevenida, con la guardia baja.
¿Dónde estaban mis defensas? ¿Qué le pasa a mi sistema inmunológico que no me defiende? ¿En qué anda ocupado mi cuerpo? Si es una forma de comunicación de mi cuerpo ¿qué me quiere decir?? ¿Qué debo cambiar??

Ya he cambiado de casa, ahora vivo sola. He cambiado de dieta, soy vegetariana y me cuido en lo que como. Lo que no he cambiado es mi forma de ganarme la vida. Hay sueños que siguen postergados. Y hay un tema que no cambia hace tiempo: no tengo pareja.

Una amiga también sanadora, me ayudaba a reflexionar. “Vuelve a escribir para adultos”, me sugería, “vuelve a tus cuentos de personajes femeninos a tu poesía erótica. Y si necesitas cámbiate de trabajo”.

Tantas reflexiones me tienen un poco aturdida. No sé cuál es mi posición en esto, por eso no he escrito con la frecuencia de antes.

Además las urgencias del día a día, me demandan mucha concentración. Alimentarme bien, evitar las diarreas, hacer ejercicio para que no se atrofien mis músculos otra vez. Colocarme emplastos de arcilla. Tomar graviola, mis pastillas de anticancerlín, hervir las hierbas chinas sin quemar la olla… descansar.
Lo que más me agota es ir a  las sesiones de radio a las 3,30 de la tarde, justo a la hora de la siesta, cuando mi cuerpo pagaría lo que sea por dormir un rato más. No sé si soy yo o si la máquina es caprichosa, pero lo cierto es que uno nunca sabe cuánto durarán las sesiones. A veces duran 10 minutos, a veces media hora.

Ingreso al cuarto del acelerador lineal, la encargada cambia la sábana a toda velocidad, me echo en la camilla, me bajo el pantalón y me subo la blusa, dejando mi vientre al aire, las encargadas me acomodan guiándose por una cruces que tengo marcadas en mi cuerpo. Una vez ubicada,  elevan la camilla. El aparato que tiene un plato giratorio está a escasos 20 centímetros de mi cuerpo. El brazo gira y el plato se coloca debajo de la camilla y desde allí me apunta con sus rayos. Hay una pantalla del computador donde alcanzo a ver las órdenes que le dan al acelerador lineal. Se despliega un menú, se despliega otro y otro, hasta que sale una ventanita roja y se escucha el zumbido. Cuento hasta 10, hasta 19 o hasta 20, algunas veces. Nunca dura lo mismo.

Luego vuelve a girar el brazo, se detiene a la altura de mi cadera izquierda, una de las encargadas ingresa y cambia una especie de filtro que le ponen al plato, se retira y empiezan con los comandos del computador y al ratito va el zumbido… 1,2, 3…19…23 y nos detenemos. Vuelve a girar el brazo y me apuntan por el lado derecho…19…23…30. O yo llevo mal la cuenta o me dan diferentes tiempos por cada lado.

Luego me bajan, me acomodo la ropa y salgo corriendo. Debo pasar por el baño porque me urge. No me hago ninguna bola al respecto. Si el baño está cerrado, busco otros u otro. No siento vergüenza, es parte de este proceso y lo vivo con dignidad.


Gracias, Señor por hacer que las 20 sesiones se pasen volando, gracias por tantas personas buenas que pones en mi camino y por tantos sanadores del cuerpo y del espíritu que están cerca a mí. ¡Bendiciones para ellos!

viernes, 21 de diciembre de 2012

Inicio de una nueva era


Ayer, por fin, empecé con mi radioterapia. Así que llego al “último día del calendario maya” con mi primera dosis de radiación, preparada para acabar con un calendario de enfermedades e iniciar uno nuevo de salud plena.

A pasado casi un mes desde que me hicieron la biopsia y por una u otra razón hemos demorado mucho.

Primero, tuvimos que esperar una semana  porque el doctor radioterapista estaba enfermo – los médicos no deberían enfermarse jamás-. Luego, cuando por fin obtuve la cita con él me indicó: "Mientras abrimos su historia y hacemos los trámites del seguro vaya tomándose esta tomografía. Ya la vamos a llamar ". Pasó nuevamente una semana para obtener los resultados. Tomándole el pulso al  tiempo pedí una cita sin que nadie me hubiera llamado.  En esta nueva reunión con el doctor me explicó su plan a seguir: “Vamos a estudiar su caso y ya la vamos a llamar”. El doctor y su equipo tenían que  hacer su plan de ataque y pedir la carta de garantía. Pasaron un día, dos, tres, contemos cerca de una semana y la compañía de seguros no aprobaba la carta. La observaron tres veces por las razones más absurdas. Falta el informe de las últimas resonancias (pero si yo se las di al doctor ¡plop!), falta un informe del médico que indique que necesita la radioterapia (a falta de uno le consiguieron dos informes), queremos un informe más extenso y que nos indiquen dónde se va a realizar el tratamiento (¿pero no queda claro qué centro médico está pidiendo la carta de garantía???).

La agente de la compañía bróker de seguros que me atiende es un ángel. Ella pelea con la compañía de seguros como si yo fuera de su familia. Es súper eficiente. Pero ni con todas sus habilidades lograba mayores avances.

Me fui a la playa a relajarme un poco con mis hermanas, una escapada de Lima. Pero mi relax no fue tal, aunque debo de reconocer que la distancia siempre te da cierta perspectiva. De pronto hice click y un foco se encendió en mi mente: “Si lo que me tortura es que se pasen tantos días después de que me han hecho un raspón en la vagina y las células pueden andar dispersándose por ahí sin recibir tratamiento ¿Por qué no empiezo de una vez pagando yo misma el tratamiento?”.

Llamé al centro de radioterapia le pedí el presupuesto: Yo cubriré la primera semana, le dije pero empiezo HOY. Ahí me enteré que la primera semana era la más cara porque incluye todos los estudios de planificación, la preparación de la máquina, etc. Lo más económico eran las sesiones de radioterapia. Cada sesión de radioterapia cuesta 100 dólares, pero la cuenta llegaba a 1,600 dólares.

Al diablo con el dinero, pensé. Para casos extremos como este es que una ahorra. Este es uno de esos momentos en que una mujer puede y debe vender sus joyas si es necesario.

Así que saqué mi cita, avisé a mi broker de mi decisión y recupere el control.“Yo decido sobre mi salud”, escuchaba mi voz al teléfono. “…por la ineficiencia del seguro no voy a poner en riesgo mi vida, ya luego veremos cómo me reembolsan lo invertido… me están perjudicando y yo tengo otras opciones…”. Me volvió el alma al cuerpo y por fin pude relajarme.

Adelantamos nuestro regreso a Lima para recorrer los 70 km que nos separaban de la ciudad y atravesarla justo a la hora en que las avenidas se ponen intransitables y llegar en tiempo récord al corazón de San Isidro, en plena época navideña.

Dios estaba de mi lado, no hay duda.  La carta de garantía se aprobó milagrosamente y estuve  cinco minutos antes de la cita. Me hacen pasar con el doctor quien muy risueño me indica que todo ya está listo pero que la máquina está en mantenimiento, estaríamos empezando después de fiestas, exactamente el 26.  Y nuevamente escucho: “Ya la vamos a llamar”.

Si lo miraba por el lado bueno, de ser así podría comer rico en Navidad, pero esperar una semana más me resultaba insoportable. Para el 26 no me van a durar las marcas que me hicieron en la pelvis, le digo al doctor. Es más, las marcas ya casi están borradas porque el plástico que las protegía ya se me salió… Bajamos al área de tratamiento para que me volvieran a marcar y nos damos con la sorpresa que el acelerador lineal ya está en funcionamiento. El doctor se demora un poco pero cuando regresa me dice: “Empieza mañana”. Eso sí que fue música para mis oídos.

Así que por fin, empecé. Ayer me fui a ver una linda película “Una aventura extraordinaria”, del director Ang Lee a las 11 de la mañana -en función para periodistas- luego tuve el almuerzo navideño con mis compañeros de trabajo y de ahí volé hacia el centro de radiooncología.

Esta vez fui sola, estaba absolutamente en control de mis emociones, feliz de empezar mi tratamiento. No se siente nada, solo un zumbido como el de un moscardón y la máquina gira alrededor de tu cuerpo, se ubica en la zona de las marcas y lanza sus rayos. Lo único que tengo que hacer es mantenerme quieta. Eso es fácil.

Por la tarde fui a mi clase de “entrenamiento autógeno” y estuve a punto de salirme porque no aguanto al profesor. El entrenamiento me parece bacán, pero no soporto a las personas fanáticas que solo te repiten unas tres ideas a lo largo de 90 minutos. El principio es el mismo: la auto-curación, pero prefiero los códigos curativos. Yo tomo mi manual entre mis manos y listo. Aquí debo escuchar el mismo discurso clase tras clase para que al final en un lapso de 3 minutos hagamos el nuevo ejercicio…  ¡No vuelvo más!!!!


Señor, gracias por los pequeños milagros de cada día, gracias por los momentos de iluminación que te llevan a decir “¡Basta!” y recuperas el control. Gracias, también por los ángeles que pones en mi camino. Bendice a todos los que me rodean e ilumina mis decisiones.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Más recia que Kina Malpartida


Estoy a una semana de cumplir un año  de esta nueva aventura en contra del cáncer. Un año puede parecer muy largo o puede parecer muy corto.

A mí se me ha pasado volando. Los primeros ocho meses tuvieron un ritmo normal pero los últimos cuatro  meses han sido de locos. He hecho muchísimas cosas, como se diría he vivido a alta intensidad…

Pero ahora bajaré el ritmo. Aprovecharé las vacaciones y de aquí a marzo viviré en slow motion, quiero tener más tiempo para mí, para escribir.

Mañana me tomarán un tomografía en mesa plana para que puedan planificar bien mi radioterapia.
El miércoles me reuniré nuevamente con el radioterapista y seguramente me explicará los detalles del tratamiento. Estos son unos días muy duros para mi estabilidad emocional. Hago ejercicios para mantener el autocontrol y más o menos que lo logro, pero a ratos flaqueo.

Estoy sensible y me voy a alejar de todas aquellas personas que puedan tirar abajo mis frágiles fuerzas. Hoy estuve con mi tía más cercana, nos reunimos para orar junto a la corona de Navidad. Todo iba muy bien hasta que ella se mandó con su petición en voz alta como si yo no estuviera ahí presente, escuchando todos sus temores respecto a mi salud. Me ha afectado.

Hay personas que me apoyan de otra manera, que me ayudan a aceptar mi situación pero de una manera positiva. Mi amiga escritora que está por cumplir 80 años me cuenta que cada día es un regalo y que debo vivirlo lo mejor que pueda, que debo divertirme. Eso me da paz. Mi cuñado me ha animado a ir a un curso para controlar el stress. Espero que el gurú sea muy bueno porque yo soy un hueso duro de roer… Mi socio me ha conseguido un lote de botellas de agua alcalina con PH de 7.9 y 9.5  para ayudarme en mi tratamiento y tal vez evitar la quimio. Mi hermana me ha traído pasas chinas, unas semillas que se llaman chia, salvado de avena para limpiar mi colón y hasta un táper con quinua ya preparada para asegurarse que me estoy alimentando bien, en fin…por ayuda no me quedo.

Mis compañeras de trabajo se han confabulado entre ellas para evitar que tome gaseosa. Estuve dos días con dolor de cabeza y yo sabía que se me pasaría si tomaba una coca cola. Aproveché un descuido de ellas y santo remedio. Adiós dolor de cabeza. Pero claro, en estos días de tanta tensión   saber si el dolor de cabeza es por síndrome de abstinencia de las gaseosas, si porque empecé los códigos curativos y el dolor de cabeza es señal de que me estoy sanando o si la cabeza me duele porque durante la noche he apretado terriblemente los dientes…

Mañana empieza la semana, ojalá empecemos con el tratamiento también.


Señor, gracias por cada nueva oportunidad que me das de replantearme mi vida y ser mejor persona. Dame fuerzas para afrontar esta nueva etapa de lucha e ilumina a los médicos para que encuentren la mejor forma de tratarme. Bendice a todos mis ángeles terrenales que me acompañan y me alientan cada día, por favor.

martes, 4 de diciembre de 2012

Nuevamente… ¡al ataque!!!


En 19 años como paciente oncológica puedo dar fe de cómo avanza la ciencia en beneficio de un buen diagnóstico o a favor de mayor exactitud y precisión durante el tratamiento.

En mis primeras dos experiencias de lucha contra el cáncer (años 1993-94  y 1997) recuerdo que enfrentar el día de control era un acto heroico. El oncólogo  me pedía un examen de sangre completo y un marcador Ca 125, una placa de tórax y una ecografía abdominal-pélvica. Además me hacía un examen clínico minucioso en busca de ganglios inflamados o alguna otra señal.

Esos minutos de silencio durante los cuales el doctor, leía los informes y observaba las imágenes se me contenía la respiración. Y cuando por fin el médico me decía “Vamos bien” o algo así, me retornaba el alma al cuerpo. Al principio estos controles eran cada tres meses, luego cada cuatro, luego cada seis y por último cada año. Hubo momentos terribles en que me enfermaba días previos a la fecha del control. 

Mis nervios me traicionaban. Si en esa época me hubieran dicho que alguna célula había escapado al tratamiento me hubiera desmoronado y entrado en crisis.

Hoy podría decir que mi peor miedo se ha hecho realidad. Durante el último control me han detectado dos pequeños nódulos que han escapado al tratamiento o que se han desarrollado una vez concluido este. Han pasado seis meses de mi última quimio y esta es la novedad.

Sí, estoy enfrentando un momento difícil, pero no me siento agobiada. Esta nueva tecnología del diagnóstico por imágenes ya venía mostrando cierta situación que se interpretó inicialmente como la huella de mi operación anterior, pero ahora ha mostrado una señal de alarma. Han pasado solo 20 días y ya me extrajeron uno de los nódulos, ya lo analizaron y ya estoy por iniciar un nuevo tratamiento. Esto es lo que se llamaría un diagnóstico precoz. En otras épocas este nódulo no se hubiera detectado hasta que hubiera presentado molestias y la ecografía solo hubiera detectado aquella actividad visible para ese método.

No me gusta creer que todo lo que aparece en la resonancia es cierto. Me gustaría pensar que mi cuerpo se va a defender solo y que podría desaparece el nódulo por su cuenta. Quisiera apostar que si esperamos unos meses tal vez cambie el panorama, pero para qué arriesgarme.

En estos días me tomarán una tomografía especial para que sirva de guía para la radioterapia, de modo que puedan atacar localizadamente  la zona afectada. Ahora estoy en manos de un radioterapista, un doctor que también trabaja en el INEM y que se une a mi equipo de salvadores.

He empezado nuevamente a realizar los códigos curativos, estoy trabajando el autocontrol. Mi frase del día es “Puedo triunfar o puedo fracasar, pero al menos sabré que el miedo no me paraliza. Confío en la vida y en la voluntad de Dios”. Así sea.


Gracias, Señor por los avances de la ciencia, por los doctores que no escatiman su tiempo, porque no soy una historia clínica ni una estadística más. Para todo el equipo médico soy Miski o Miskita (en diminutivo). Todos me saludan, me apoyan, me alientan y se preocupan sinceramente por mí. Gracias, Señor, por tantas bendiciones.

martes, 9 de octubre de 2012

Los nuevos retos


Ahora estoy consciente que aunque me sienta muy saludable siempre aparecerá uno que otro achaque por ahí para recordarme que hace solo cinco meses me sometí a una quimioterapia.

Reto 1-
Cuidado con la comida.  La dieta vegetariana no es ningún problema para mí. He aprendido a comer cosas ricas, muy ricas, como los palmitos en las ensaladas y los champignones que no me hacen extrañar ni el pollo ni la carne. La palta es una gran aliada pero también puede transformarse en una pequeña enemiga si la como de noche. Ahora no me indigestión ni náuseas. Lo que siento si como palta o algo grasoso por la noche es mucha sed y un ataque de transpiración general que puede durar más de media hora.

Es cierto que tengo que no debo comer grasas por mis transaminasas que están elevadas pero a veces uno ni se da cuenta de lo que come…

Reto 2-
Evita los asientos duros. Este es un achaque antiguo de cuando me hicieron el RIC (radiación intra vaginal). Si me siento en un banco o una silla dura, dolor seguro.  Esto incluye sentarme en el piso, ¡imposible!!!

Reto 3-
No pases la aspiradora. Al menos no mientras no recuperes el estado atlético de tus tempranos veintes… Esta medida de prevención se aplica también a todo tipo de trapeadores. Este tipo de ejercicio inflama de alguna forma mis músculos lumbares, que se contracturan y se abultan como nudos entre mi cintura y cadera.

Reto 4-
Vence tu adicción a la coca-cola y demás gaseosas. ¡Qué difícil! Pero las gaseosas no solo me hinchan los ojos sino que también me hace ir a orinar más rápido. Además me han dicho que estoy formando fosfatos y estos pueden generar arenillas o cálculos en el riñón. A veces tengo que ponerme fuerte y amenazarme con un trasplante de riñón para que se me pase el antojo de la gaseosa.

Reto 5-
Descuida de la fuerza de tus piernas y pies. Mientras no vuelva al gimnasio, la natación o el baile, debo pensar que mis piernas andan flojas y no soportan el peso de mi cuerpo. Ayer lo comprobé con una insólita caída. Mejor debería decir hundimiento. Intenté subir un muro pequeño (50 centímetros). Me di el impulso, subí una pierna, levante la otra. Primer intento: me fui para atrás como un porfiado. Segundo intento: logré balancearme pero mi pierna izquierda que estaba arriba se hundió y quedé arrodillada hecha un ovillo. ¿Cómo iba a imaginarme que mi pierna no me resistiría? ¿Será un problema muscular?? Será un problema neurológico?? Ya se imaginan cuál será el tema de mi próxima consulta médica.

Los médicos oncólogos son muy graciosos, cuando les tocas este tema te preguntan si puedes caminar o te tropiezas. Cuando les dices que no es para tanto, no le dan mayor importancia. Así que daño colateral debe haber pero no me dicen qué debo hacer para recuperarme.

Reto 7-
Cuidado con las manos. Estas manitas que Dios me ha dado son muy leales, aquí están tipeando estas líneas. Pelan fruta, verduras, me permiten hacer muchas cosas, pero si me pongo a analizarlas… aquí va. Mi mano derecha todavía no puede cerrarse completamente. Si encojo los dedos (como si cerrara una garra) siento que tuviera algo que me lo impide. Mi escritura a mano ha mejorado, pero no así la precisión de mi trazo al delinearme los ojos. Me cuesta mucho trabajo.

Ni se diga lo que tengo que hacer para abrir frascos o girar la tapa de las botellas… Debo mejorar mi actividad motora-fina y la no fina, también.

El otro día cargué varias bolsas de compras para bajarlas del auto hasta la casa. Bueno al tantear el peso no me pareció excesivo, pero al dejarlas sentí un dolorcillo y ¡oh!, ¡oh!, sí que pesaban porque hasta me había salido un bulto un poco antes de la muñeca. O sea se me derramó el líquido de la articulación y yo no había sentido nada…

Reto 8-
Anda aprendiendo braille. Mis ojos, esos ojos que tenían 20/20 hasta los 30 años han perdido su precisión. Cuando he vuelto a trabajar después de ocho meses no hay ubicación de la PC que se acomode a mi vista. Los lentes multifocales no me sirven y debo usar los lentes para cerca porque si no me desnuco tratando de levantar la cara para hallar el foco. Este jueves tengo cita con el oftalmólogo…

Reto 9-
Nunca estornudes sentada. Hace años que no puedo estornudar sentada en la cama. Si esto ocurriera me da un calambre a la altura de los intestinos que me quiebro en dos. Me habían dicho que podían ser las adherencias de mis cirugías anteriores, pero mi oncólogo dice que debe ser un calambre del diafragma. Creo que el magnesio es bueno para los calambres…

Reto 10
Olvídate de todo y haz tu vida normal. Fácil decirlo… Yo me olvido rápidamente que estoy sin peluca y puedo salir a la calle con mi nuevo african-look. Los vecinos ya se acostumbraron a verme con pelo largo, corto, con pañuelo, boina, turbante, etc. El otro día no me habrían la puerta de la cochera, al hacerle señas al vigilante me reconoció con mi pelo corto y una vincha. “Cada vez más linda” fue todo su comentario. Con su piropo conquistó mi corazón…


Señor, gracias por mi recuperación, gracias por mis médicos, mis vecinos, mis amigos y mi familia (incluido los vigilantes de la cochera y el edificio). Gracias,  también, por las flores de la primavera que nos alientan y anuncian una nueva temporada.

viernes, 23 de marzo de 2012

El soplo de vida


Hace unos 14 años más o menos descubrí la verdadera  dimensión del soplo de vida. “Éramos tan solo un trozo de barro hasta que el Creador nos infundió  el soplo de vida y nos convirtió en hombres ( y mujeres), al principio inmortales y luego mortales”. Es decir nuestro soplo de vida se limitó y desde entonces venimos con fecha de vencimiento.

¿Cuánta carga de vida nos tocó? Es algo que no sabemos. Normalmente sentimos que nuestra vida será larga e intensa, de niños y jóvenes no “pensamos” en el soplo de vida, simplemente lo “disfrutamos”.

En el año 2007 me sometí a trentitantas sesiones de radioterapia con la Bomba de Cobalto. Conforme avanzaba el tratamiento mi cuerpo iba perdiendo su energía natural a golpe de radiación y diarreas continuas. Se me hacía difícil caminar, estar mucho rato sentada era incluso un gran esfuerzo porque el cuerpo quería desmoronarse. Mi vida se regía por periodos de dos horas, dos horas de actividad, dos horas de sueño… ¡y qué sueño!! Yo acostumbraba decir “Voy a recostarme porque si no me caigo desplomada”, y eso era lo que realmente sentía. Yo sentía miedo de perder el aliento y caer rendida –literalmente-.

Ahí fue que empecé a pensar en el soplo de vida “esto que se me está acabando es el soplo de vida” reflexionaba. Y pensé tanto al respecto que llegué a sentir claramente que yo era una mujer joven atrapada en un cuerpo que estaba envejeciendo y del cual yo no tenía control. Entendía perfectamente a Platón cuando hablaba del cuerpo como una jaula para el alma. Fue la primera vez que tuve la certeza que el soplo de vida se refiere a la vida de nuestro cuerpo orgánico, pero no al otro tipo de vida o existencia. De ese periodo de reflexión o meditación descubrí que hay una vida a la que siempre despertaré aún cuando caiga desplomada, de eso estoy segura.

Esta cuarta quimio me ha recordado que el soplo de vida no se infundió igualitariamente entre todas las personas, unas resisten más que otras. Y conforme avanzan las quimios la amenaza va creciendo. Levantarse puede ser un acto heroico, sentarse en la computadora por 10 minutos puede ser “la” tarea del día y descansar puede convertirse en tu misión salvadora.

Es cierto que una buena dosis de hidratación, electrolitos, y demás medicamentos directamente a la vena ayudan, pero me temo que pueden crear dependencia. Pero ¿a quién le importa?


Señor, gracias por el tremendo soplo de vida que me infundiste y que está aguantando gracias al ejército de ángeles que me acompañan y me sostienen cuando lo necesito. Estoy en deuda contigo… mejor dicho, sigo en deuda contigo…