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domingo, 9 de diciembre de 2012

Más recia que Kina Malpartida


Estoy a una semana de cumplir un año  de esta nueva aventura en contra del cáncer. Un año puede parecer muy largo o puede parecer muy corto.

A mí se me ha pasado volando. Los primeros ocho meses tuvieron un ritmo normal pero los últimos cuatro  meses han sido de locos. He hecho muchísimas cosas, como se diría he vivido a alta intensidad…

Pero ahora bajaré el ritmo. Aprovecharé las vacaciones y de aquí a marzo viviré en slow motion, quiero tener más tiempo para mí, para escribir.

Mañana me tomarán un tomografía en mesa plana para que puedan planificar bien mi radioterapia.
El miércoles me reuniré nuevamente con el radioterapista y seguramente me explicará los detalles del tratamiento. Estos son unos días muy duros para mi estabilidad emocional. Hago ejercicios para mantener el autocontrol y más o menos que lo logro, pero a ratos flaqueo.

Estoy sensible y me voy a alejar de todas aquellas personas que puedan tirar abajo mis frágiles fuerzas. Hoy estuve con mi tía más cercana, nos reunimos para orar junto a la corona de Navidad. Todo iba muy bien hasta que ella se mandó con su petición en voz alta como si yo no estuviera ahí presente, escuchando todos sus temores respecto a mi salud. Me ha afectado.

Hay personas que me apoyan de otra manera, que me ayudan a aceptar mi situación pero de una manera positiva. Mi amiga escritora que está por cumplir 80 años me cuenta que cada día es un regalo y que debo vivirlo lo mejor que pueda, que debo divertirme. Eso me da paz. Mi cuñado me ha animado a ir a un curso para controlar el stress. Espero que el gurú sea muy bueno porque yo soy un hueso duro de roer… Mi socio me ha conseguido un lote de botellas de agua alcalina con PH de 7.9 y 9.5  para ayudarme en mi tratamiento y tal vez evitar la quimio. Mi hermana me ha traído pasas chinas, unas semillas que se llaman chia, salvado de avena para limpiar mi colón y hasta un táper con quinua ya preparada para asegurarse que me estoy alimentando bien, en fin…por ayuda no me quedo.

Mis compañeras de trabajo se han confabulado entre ellas para evitar que tome gaseosa. Estuve dos días con dolor de cabeza y yo sabía que se me pasaría si tomaba una coca cola. Aproveché un descuido de ellas y santo remedio. Adiós dolor de cabeza. Pero claro, en estos días de tanta tensión   saber si el dolor de cabeza es por síndrome de abstinencia de las gaseosas, si porque empecé los códigos curativos y el dolor de cabeza es señal de que me estoy sanando o si la cabeza me duele porque durante la noche he apretado terriblemente los dientes…

Mañana empieza la semana, ojalá empecemos con el tratamiento también.


Señor, gracias por cada nueva oportunidad que me das de replantearme mi vida y ser mejor persona. Dame fuerzas para afrontar esta nueva etapa de lucha e ilumina a los médicos para que encuentren la mejor forma de tratarme. Bendice a todos mis ángeles terrenales que me acompañan y me alientan cada día, por favor.

miércoles, 25 de enero de 2012

Volver a nacer


Todos tenemos un cumpleaños, pero los sobrevivientes tenemos una fecha más que celebramos como el comienzo de una vida extra.

Mi madre acostumbraba recordar cada año, el día en que cumplía un nuevo año de operada. Tengo un año más de vida, decía, con cierto tono melancólico, que nos transmitía sus temores y no daba espacio para ninguna celebración.

Entre su primera operación (de cáncer) y la segunda, mi madre llegó a cumplir 10 años más de vida.

Ahora que pienso en retrospectiva, entre 1979 y 1989, eran pocas las certezas que te daba la ciencia médica. Cada chequeo incluía una prueba de sangre un examen clínico minucioso y nuevas instrucciones. La mayor parte de las veces el diagnóstico era “Todo va bien, señora Judith” y mi mamá salía con la esperanza de que todo estuviera bien, pero ninguna certeza.

A ella no le hacían ecografías, en ese tiempo no existían las tomografías, no había resonancias magnéticas ni hablar del pet scan. Realmente, el trabajo del médico y la confianza del paciente pendían de un hilo muy delgado: los designios de Dios.

Ahora que lo pienso, creo que los 10 años que mi madre vivió asistiendo a sus citas periódicas debieron ser más largos y más estresantes, que los primeros 10 años -de los 18 - que he vivido yo entre mi primera operación y la tercera a la que me acabo de someter.

Diez años pueden ser toda una vida, un lindo regalo del Señor para compartir con tu familia, tus amigos, disfrutar tus pasatiempos, viajar o soñar. Esos 10 años que sobrevivió mi mamá fueron un tiempo maravilloso, pero nunca habrá sido suficiente. Te extraño, mamá. Hoy más que nunca.

Bendice, Señor, a los científicos que estudian y desarrollan los diagnósticos por imágenes, que ayudan a los doctores a ver por dentro de nuestro cuerpo y nos permiten detectar a tiempo cualquier desperfecto. ¡Ilumínalos siempre!