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miércoles, 6 de febrero de 2013

¡Diablo en Botella!!


Así me siento, luego de que me observaran la carta de garantía por segunda vez. Ayer debí empezar mi quimio y no fue posible, esperé todo el día la llamada de confirmación, en vano.

Me intriga cuál es el procedimiento para aprobar una carta de garantía, pero definitivamente algo  funciona muy mal. Cuando se trata de un paciente oncológico la duda prima sobre la confianza. No interesa si el paciente se atrasa en su tratamiento, lo que interesa es “tener la total seguridad de que no les están pasando un gasto que ellos (el seguro) no deberían cubrir al 100%”.

Si mi póliza me da derecho a recibir una cobertura al 100% por tratamiento oncológico y estoy en tratamiento (cubierto por ellos) hace más de un año por qué piden tantos informes médicos actualizados.

Me pregunto si creen que un paciente le pasa los medicamentos a otro que no tiene seguro, no sería entonces mejor establecer un procedimiento para verificar que es a mí a quien le ponen los medicamentos y no a otro paciente. Con exigir copia del DNI y tomarle una foto al paciente o establecer un control de huella digital o del iris ya estaríamos todos tranquilos.

Alguien tiene que quejarse, alguien tiene que tomar conciencia que hay un gran problema de desconfianza hacia el paciente y sus médicos, y alguien tiene que pensar en una verdadera solución. En mi historia personal, cada vez que he tenido que pedir una carta de garantía por enfermedad oncológica, esta ha sido rechazada.

¿Será un rechazo por defecto?? ¿Es una estrategia para filtrar a aquellas personas que no les gusta insistir? ¿Tienen demasiados casos y muy pocos médicos auditores? ¿No han capacitado bien a los médicos o centros médicos para que envíen la información necesaria en cada caso??

¿Les importa que los pacientes aumenten su estrés cuando deberían sentirse protegidos y seguros con una póliza de seguros oncológica? ¡¡Helloooo!!!!! ¿Hay alguien al otro lado de la línea escuchando???

Como le dije a la ejecutiva del seguro ayer: “Si yo no tuviera seguro ya habría empezado mi tratamiento, pero como tengo seguro estoy arriesgando mi vida porque no empiezo en la fecha porque aun no aprueban la carta de garantía. Eso no tiene ninguna lógica”. Además no me dejan pagar directamente porque no puede haber crédito y reembolso al mismo tiempo. “Tendrán que hacer una excepción, cuando son ellos los que no hacen bien su trabajo y me demoran el inicio del tratamiento”.

Lo peor de todo es que el centro médico en el que me trato ahora pertenece a la empresa de seguros ¡¿y no saben cómo presentar adecuadamente una solicitud de carta de garantía?!!

¿Quién defiende a los pacientes oncológicos en este país? Alguien lo sabe. ¿Algún congresista???
¿Alguna ONG? ¿El Chapulín colorado?

¡Voten por mí!!


Señor, gracias por  los problemas que nos hacen pensar en las soluciones. Gracias por las personas que han luchado antes y han conseguido que se nos concedan algunos derechos. Dales fuerzas y buen ánimo a los doctores que tienen que presentar un informe tras otro por el mismo paciente a la misma empresa de seguros para la cual trabajan. Dame fuerzas para ocuparme de estos asuntos importantes y aportar con un granito de arena. Un solo granito de arena puede hacer la diferencia.

jueves, 16 de febrero de 2012

Todo lo que puede un catéter


Ayer acudí a una consulta con un médico cirujano cardiovascular. Mi oncólogo le ha pedido que me coloque un catéter subcutáneo. Yo no sabía en qué consistía ni si estaba dispuesta o no a dejármelo colocar. En cuanto vi al doctor joven, guapo y con una actitud fresh como si fuera tablista, tuve la certeza de que esto del catéter que a mi me quitaba el sueño era para él un juego de niños.

¿Qué riesgos hay? Le pregunté muy seria como si me fueran a realizar un triple by pass. Ahora que lo recuerdo, me da risa… Pero el doctor con toda la paciencia del mundo me explicó el procedimiento y los riesgos que podían ocurrir en un 0.5% de los casos.

Salí fascinada con la modernidad. Ya no más pinchazos, ni dolor en las venas, esto va directo a una arteria, creo. Queda debajo de la piel, es decir no se nota. Y me lo pueden dejar por un tiempo indefinido (un par de años, por ejemplo), siempre que le hagan su mantenimiento (las enfermeras que aplican la quimio lo hacen).

Yo pensé que iba ser una pionera en esta aventura del catéter, pero me dice el doctor que ya lo hacen hace tiempo. Yo no sabía de nadie a quien le hubieran puesto este aparatito, los catéteres que yo he visto son los grandes que te clavan en ente el pecho y el cuello y que han acompañado a sus dueños a la otra vida, por eso tenía tanta resistencia.

Pregunté cuanto costaba, solo por curiosidad, ya que ahora no pago nada. Pero yo necesitaba saber. Solo el catéter vale 600 dólares, además están los gastos médicos, la sala de operación y medicinas. Es decir calculo unos 1000 dólares y tal vez me quedo corta.

Salí tan impactada por la suerte que tenia de poder cuidar mis venas y evitar el dolor cuando me aplican el carboplatino que las lágrimas corrían por mi rostro mientras regresaba a casa.

Venían a mi memoria, las más diversas imágenes: los pacientes del NEM, mi mamá cuando era inyectada y le buscaban la vena, mi abuelo al que, según me han contado,  le colocaban las inyecciones en el pie; y no podía dejar de llorar.

Pensé en mi abuela, en lo duro que habría sido para ella sufrir de cáncer en su época. Ella era muy joven, tenía apenas 44 años y luchaba contra un cáncer de útero, en el Hospital de Neoplásicas de la Av. Alfonso Ugarte en el año1950. La imaginé solita en el hospital, pensando en sus hijos, pensando en el menor de ellos que es mi papá. Y tuve una certeza. Mi papá se tiene que sentir muy orgulloso porque hemos vencido el Karma.

Su mamá enfrentó el cáncer, sin éxito,  en un hospital del estado hace más de 62 años, sin que él pudiera hacer nada al respecto,  pero nosotras (tres de sus cuatro hijas), estamos dando la batalla desde hace 18 años y, gracias a mi papá y a sus enseñanzas de vida, hemos podido atendernos con los mejores oncólogos, en las mejores clínicas, teniendo opciones para decidir.

Los tiempos han cambiado pero mi papá no ha hecho otra cosa en la vida que asegurarse que el escenario para su familia sea diferente.


Señor, bendice a mi papá y  a los doctores que inventaron los catéteres. Te pido que pronto den una ley para que todos los pacientes con quimioterapia tengan  el derecho de acceder a un catéter como parte de su tratamiento y, por supuesto, tengan acceso a su tratamiento. Para ti no hay nada imposible.


jueves, 9 de febrero de 2012

Una pequeña gran victoria


El lunes no llegué a ir al seguro a sustentar mi caso. Mi médico me informó que no le habían confirmado la hora exacta de la reunión, así que me quedé con los crespos hechos… es decir con mi carta de descargo, con el informe de mi médico cirujano y la copia de todos los chequeos preventivos anuales que me habían encontrado sana durante los últimos años.

A la mañana siguiente, recibí una llamada de la propia gerente de salud del seguro, quien me decía que habían evaluado mi caso y los médicos habían cambiado de opinión, es decir aceptaban mi cobertura. La gerente sabía que yo iría a presentar mi carta y me llamaba para recibirme ella personalmente y conversar conmigo.

La situación fue al revés de lo esperado, la que presentaba los descargos era ella, diciendo que como se trataba de un caso raro habían surgido contradicciones, pero que de ahora en adelante contaba la cobertura total -¡YEH!!!- y que como yo había costeado mis dos primeros tratamientos, que presentara los documentos y me iban a reembolsar lo gastado.

Salí, saltando en un pie. La verdad me sentía algo aturdida, parecía un sueño… Pensé en lo privilegiada que era de contar con un médico guerrero como yo y, además, respetado e influyente.

Mi dignidad ha sido restablecida. La autoestima de sobreviviente oncológica se ha fortalecido. Me siento tan afortunada que me dan ganas de llorar por aquellos que no están en mi situación privilegiada.

Pero se ha hecho justicia. Esta gran empresa aseguradora ha tenido que “entender” que yo he estado bien, sin mayor riesgo de morir de cáncer que de un accidente de tránsito, aunque para el sistema yo era una “excluida”.

Ahora, con  este precedente habrá que seguir luchando por nuestros derechos en relación a los seguros de salud y de desgravamen, por ejemplo.


Señor, gracias por todos los que han rezado por mí. Sé que hay algunos que se sintieron defraudados de que Dios no les hiciera el milagro para que mis resultados patológicos no dieran con la palabra cáncer, pero esta pequeña victoria es una gran victoria. A veces los seguros resultan más resistentes que el propio cáncer. Ilumina a los que trabajan ahí, tócales el corazón para que sean más justos y más pacientes se puedan beneficiar sin tanto desgaste emocional.

sábado, 4 de febrero de 2012

El tercer día de mi segunda quimio


Gracias a Dios y a las muevas medicinas estoy perfecta. Tal vez sienta la digestión un poco lenta, pero nada más.  El primer día la sesión duró siete horas, pero todo bien. Mi oncólogo acostumbra que sus pacientes reciban una sesión de hidratación al segundo día de la quimio, te colocan un suero con el medicamento para proteger el estómago, luego te ponen la dexametasona y por último el protector gástrico.

A partir del tercer día tomo un Omeoprasol en ayunas y una pastillita para evitar las náuseas dos veces al día. Tengo que tomar dos litros y medio de líquidos al día y comer sano.
En la clínica a la que acudo, me encuentro con más mujeres que hombres. Los hombres pasan desapercibidos, las mujeres no. Algunas no tienen ningún signo físico de estar con tratamiento. Hay chicas regias (operadas de mama) que evidentemente llevan pelucas, van maquilladas, llevan su laptop y siguen su vida como si nada. Otras mujeres van totalmente peladas, a lo Sinead O´Connor, maquilladas y bien arregladas, las menos (deben sentirse un poco más abatidas) llevan su pañuelito o una peluca que ya necesita un retoque.

Yo me puse un turbante coquetón que me he comprado en Iñaqui, una tienda que queda en Bellísima, el centro de belleza de Marina Mora, así voy más cómoda.

Me ha llamado la atención que ninguna de las pacientes estuviera amarilla (como me puse yo hace 18 años) o pálida. La enfermera me dice que depende del tratamiento pero que ahora las drogas son mejores y no producen tantos estragos en el  hígado. Le pregunto si en el seguro social y en Oncosalud te ponen las mismas medicinas – me saco el clavo, por fin-, me informa que no, que te ponen genéricos, que aunque te curan no te evitan los estragos.

En ese momento, tomo la decisión de seguir pagando mi tratamiento en forma particular, si no me aprueba la cobertura mi seguro particular  (ya me han rechazado tres veces). Yo que he sobrevivido tantos años y sé lo que son los achaques post quimio y radio, no voy a escatimar en mi salud. Tengo que cuidar mis venas, cuidar mi hígado, mis riñones… todo mi organismo. Vale la pena reducir la intoxicación y los efectos secundarios.

El lunes tengo cita en el seguro, ahora sí van a conocer a Miski Guerrera, la afiliada que después de 18 años de sobrevivir al cáncer no le teme a nada.

Hoy he recibido una iluminación. Voy a  hacerme unas fotos para colocar en mi perfil del blog y para la carátula del libro que estoy preparando “Sueños y Sombras. Mi primera batalla”. Las fotos darán que hablar.

Gracias, Señor por este cuerpo luchador que recibe con alegría su quimioterapia, gracias por el apoyo de mis amigos y seguidores. Gracias por permitirme expresarme y compartir mis experiencias. Son mi mejor cura.

sábado, 28 de enero de 2012

La pesadilla continúa


Anoche estaba durmiendo y de pronto en la oscuridad una cara oscura, angulosa como un pentágono alargado y plana como un cometa de papel venía hacia mí a toda velocidad desde el infinito y cuando estaba a un metro de distancia, arremetí contra ella a gritos y almohadonazos. Estaba segura que se trataba de una presencia, tal vez el espíritu de la muerte. Estaba segura que había gritado. Estaba aún aturdida, cuando escuché en mi puerta“¿Qué pasa?”, “¿Has visto una cucaracha?”. “Fue un mal sueño contesté”, aun temblando completamente, “vete a dormir”.

Me quedé como media hora con los ojos abiertos en la oscuridad preguntándome si había sido una pesadilla o no. Fue tan real, pero como si lo hubiera vivido en una dimensión paralela. Más parecía una alucinación. Serán mis miedos pensé, ya los vencí. Será la tensión en que me tiene la EPS Pacífico que aun no me contesta si atenderán mi caso o lo rechazarán, lo que significa que tendré que ir a pelear con Oncosalud o al seguro social.

La mañana me pescó muy soñolienta, no había descansado bien, de todas maneras me desperté para chequear mi correo y esperar la respuesta. Nada. Al medio día llamé por teléfono a la coordinadora de casos complejos, quien me había ofrecido  darme la respuesta. “Su caso ha sido revisado nuevamente”, me explicó, “por un consejo de cuatro oncólogos y han considerado que se trata de un preexistencia porque en la patología dice compatible con cáncer primario de ovario”.

Gran novedad, pensé para mis adentros, si eso ya lo sabemos, no hay forma de probar desde la patología que se trata de un síndrome like-ovarian. La opinión médica de mi oncólogo y toda su sapiencia no ha servido de nada frente a estos muros de piedra que no quieren aceptar que he estado sana durante 14 años y que esto es una nueva neoplasia.

Estoy furiosa. He pedido una respuesta por escrito. Aun no llega.

Señor dame paciencia y fortaleza. Sé que me colmas de bendiciones, porque tengo dos seguros particulares y, además la seguridad social. Otras personas no pueden curarse porque no tienen dinero para pagar su tratamiento. Como dicen esta es una pelea de blancos… pero tengo derecho a pelear porque se reconozca mi caso como lo que es y que estos médicos auditores no me bajen la moral. No lo voy a permitir.

sábado, 21 de enero de 2012

¿Cuánto cuesta una vida?


Uno no se pregunta cuánto vale mantener su salud hasta que te enfrentas a un tratamiento caro como la quimioterapia- y por demás amenazador, por el alto riesgo que implica el cáncer.

Mi primera vez, hace 18 años me atendí en todo momento vía el seguro de salud particular que tenía. Contaba con 10,000 dólares de cobertura, pero hice malabares para hacerlo durar. En esa época el seguro social te reembolsaba el gasto de las quimios y a mí me reembolsó aproximadamente 1,000 dólares por cada una de las seis sesiones que me pusieron. Además tenía un seguro oncológico de 1,000 dólares con la cuenta CTS del Banco de Crédito y lo gasté íntegro.

Además contaba con el apoyo de mi papá y el de mi suegro que estaban dispuestos a ayudarme si lo necesitaba. Felizmente, no lo requerí.  Pero cuando me quedaban como 1,200 de saldo en mi seguro, me subieron la cuota mensual a 200 dólares y ya no tuvo ningún sentido seguir asegurada.

En esa época decían que si habías pasado tres años sin recurrencia de la enfermedad podías considerarte curada, así que yo opté por dejar ese seguro. Estaba convencida que no me volvería a enfermar. Pero me equivoqué, tres años después me encontraron otro cáncer primario, y esta vez estaba sin seguro, sin plata y con deudas.

Sin pensarlo dos veces me dije “No me voy a gastar mis pocos ahorros en la operación y el tratamiento, guardaré mi plata para la recuperación, para irme de viaje”. Y sintiéndome la mujer más pobre y abandonada del planeta me atendí en el Hospital de Neoplásicas.

Por ser una pituca venida a menos pagaba la tarifa más alta y si mal no recuerdo la operación me costó alrededor de 2,000 dólares y el tratamiento otro tanto. Yo había bajado al llano, sintiéndome pobre pero nunca dejé de ser percibida como una pituca aprovechadora y mi bondadosa hermana Ana, que es blanca y castaña, fue bautizada como “su hermanita la gringuita”. 

Durante los casi dos meses que Ana me llevaba en su auto y me esperaba sentadita entre todos los enfermos -que  se echaban en los asientos porque ya no tenían fuerzas de esperar sentados- fue víctima de tremendas historias personales que terminaban pidiéndole dinero prestado o algo de comer.

La época de vacas flacas se extendió por  siete años más. Cuando mi situación económica mejoró y me inscribí en la EPS, cerré el capitulo INEM, aunque me seguí atendiendo con el jefe de ginecología, que era mi doctor, pero en su consultorio particular.

La EPS me ha servido para muchas cosas y, parece que también podrá cubrirme mi tratamiento actual de quimioterapia, siempre que logremos probar que se trata de una nueva neoplasia y no de una metástasis del cáncer que tuve hace 18 años. Yo ya he invertido cerca de 4,000 dólares en  el diagnóstico  y la operación. Mi primera sesión de quimio me ha salido como 700 dólares. Y me faltaría cubrir cinco quimios más, los exámenes de laboratorio y los honorarios médicos de cada sesión, es decir unos 4,500 dólares más, durante el tratamiento. Luego vendrán los controles mensuales y cada uno puede costar alrededor de 500 dólares, según los estudios que te indiquen.

¿Qué haré si no la EPS me dice que no? ¿Tendré el valor de pasarme al Seguro Social? Esta vez hay algo en mí que me dice que mi bienestar vale el dinero que tengo ahorrado.

Gracias señor por mi trabajo y los dineritos extras que me caen de vez en cuando. Gracias por los médicos que te hacen un precio especial porque no tienes seguro. Gracias por los oncólogos de corazón grande  que incluso llegan a  atenderte gratis con  tal de que no dejes de controlarte. ¡Ya se han ganado el cielo!