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jueves, 12 de septiembre de 2013

De vuelta al trabajo y a las sorpresas de la vida

Ayer fue un día muy especial. Mi primer día de trabajo (o retorno al trabajo) luego de casi 9 meses entre vacaciones y  el descanso médico. La jornada tuvo sus altibajos porque mi oficina ha sido asignada a otra persona y mis cosas han sido embaladas  ¡oh, sorpresa!! Parece que no me esperaban tan pronto.

Recibir el cariño de mis compañeros, especialmente del vigilante y el encargado de la limpieza, me hicieron sentir muy querida. Estuve un par de horas, tuve que ir a relaciones laborales a  ver el tema de mi subsidio porque el seguro social me vuelve a rechazar mis documentos. Ahora quieren un nuevo informe médico y un reporte de gastos. Ya se los estoy consiguiendo pero además le voy a mandar mi foto sin pelo al médico auditor para que no le queden dudas de que el tratamiento fue cierto.

Por la mañana cuando abrí mi correo leí un mensaje de Gabriela, una compañera de prom de la quimioterapia. Me escribía a mí y a dos chicas más contándonos que esa tarde la operaban y que rezáramos para que todo saliera bien (chamba para el Divino Niño), saliendo del trabajo fui al centro oncológico para solicitar el informe y demás y me encontré con otra compañera de prom, Melissa, ella ya superó un cáncer de seno y ahora está luchando contra una metástasis al hígado.

Yo que iba por un ratito  me quedé conversando largo rato apoyándola y discutiendo acerca de nuestra situación con el seguro. Las dos tenemos EPS, este seguro paralelo a la seguridad social, solo nos cubre mientras sigamos trabajando. Si dejamos de trabajar qué pasa con nuestra cobertura, qué seguro nos va  a recibir con esta pre-existencia?? Estamos jodidas!! Decidimos que era un tema para plantearle a la congresista Cecilia Tait, que ya se curó de un cáncer y que debería entendernos.

Melissa está curada a un 90%, gracias a la quimio y a la dieta que le ha dado Sasha Barrios, con jugos verdes (extractos) y una serie de indicaciones específicas de alimentación. Me ha dicho que en Wong venden unos germinados de brocoli que son ¡lo máximo! Tendré que conseguirlos.

Por nuestra larga conversación  me enteré que Robertito, un pata que luchó duro contra el cáncer de cólon ha muerto. Yo recuerdo que hace un par de meses me topé con él y me dijo que le habían encontrado un nuevo tumor. Estaba muy decidido a enfrentarlo. No pensé que se fuera tan pronto. Descansa en paz, querido amigo.

Al salir me crucé con Lizardo, otro pata que ha vencido a la leucemia y está en espera de un trasplante de médula. Me hubiera gustado saludarlo pero él no me vio.

Me pongo a pensar en cuántas personas geniales están en la lucha, algunas lo logran  otras no.

Pienso en mi misión, por qué Dios permite que yo siga adelante. Si yo he pasado por todo esto y tengo fuerzas para pelear, pelearé por nuestros derechos, creo que esa es una de tarea que requiere atención urgente.

Gracias, Señor, por esta nueva oportunidad de vida, sé que cada día es un regalo y no quiero desperdiciarlo. Gracias por permitirme conocer lindas personas, luchadoras y decididas. Te pido muchas bendiciones para ellos.





miércoles, 6 de febrero de 2013

¡Diablo en Botella!!


Así me siento, luego de que me observaran la carta de garantía por segunda vez. Ayer debí empezar mi quimio y no fue posible, esperé todo el día la llamada de confirmación, en vano.

Me intriga cuál es el procedimiento para aprobar una carta de garantía, pero definitivamente algo  funciona muy mal. Cuando se trata de un paciente oncológico la duda prima sobre la confianza. No interesa si el paciente se atrasa en su tratamiento, lo que interesa es “tener la total seguridad de que no les están pasando un gasto que ellos (el seguro) no deberían cubrir al 100%”.

Si mi póliza me da derecho a recibir una cobertura al 100% por tratamiento oncológico y estoy en tratamiento (cubierto por ellos) hace más de un año por qué piden tantos informes médicos actualizados.

Me pregunto si creen que un paciente le pasa los medicamentos a otro que no tiene seguro, no sería entonces mejor establecer un procedimiento para verificar que es a mí a quien le ponen los medicamentos y no a otro paciente. Con exigir copia del DNI y tomarle una foto al paciente o establecer un control de huella digital o del iris ya estaríamos todos tranquilos.

Alguien tiene que quejarse, alguien tiene que tomar conciencia que hay un gran problema de desconfianza hacia el paciente y sus médicos, y alguien tiene que pensar en una verdadera solución. En mi historia personal, cada vez que he tenido que pedir una carta de garantía por enfermedad oncológica, esta ha sido rechazada.

¿Será un rechazo por defecto?? ¿Es una estrategia para filtrar a aquellas personas que no les gusta insistir? ¿Tienen demasiados casos y muy pocos médicos auditores? ¿No han capacitado bien a los médicos o centros médicos para que envíen la información necesaria en cada caso??

¿Les importa que los pacientes aumenten su estrés cuando deberían sentirse protegidos y seguros con una póliza de seguros oncológica? ¡¡Helloooo!!!!! ¿Hay alguien al otro lado de la línea escuchando???

Como le dije a la ejecutiva del seguro ayer: “Si yo no tuviera seguro ya habría empezado mi tratamiento, pero como tengo seguro estoy arriesgando mi vida porque no empiezo en la fecha porque aun no aprueban la carta de garantía. Eso no tiene ninguna lógica”. Además no me dejan pagar directamente porque no puede haber crédito y reembolso al mismo tiempo. “Tendrán que hacer una excepción, cuando son ellos los que no hacen bien su trabajo y me demoran el inicio del tratamiento”.

Lo peor de todo es que el centro médico en el que me trato ahora pertenece a la empresa de seguros ¡¿y no saben cómo presentar adecuadamente una solicitud de carta de garantía?!!

¿Quién defiende a los pacientes oncológicos en este país? Alguien lo sabe. ¿Algún congresista???
¿Alguna ONG? ¿El Chapulín colorado?

¡Voten por mí!!


Señor, gracias por  los problemas que nos hacen pensar en las soluciones. Gracias por las personas que han luchado antes y han conseguido que se nos concedan algunos derechos. Dales fuerzas y buen ánimo a los doctores que tienen que presentar un informe tras otro por el mismo paciente a la misma empresa de seguros para la cual trabajan. Dame fuerzas para ocuparme de estos asuntos importantes y aportar con un granito de arena. Un solo granito de arena puede hacer la diferencia.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Inicio de una nueva era


Ayer, por fin, empecé con mi radioterapia. Así que llego al “último día del calendario maya” con mi primera dosis de radiación, preparada para acabar con un calendario de enfermedades e iniciar uno nuevo de salud plena.

A pasado casi un mes desde que me hicieron la biopsia y por una u otra razón hemos demorado mucho.

Primero, tuvimos que esperar una semana  porque el doctor radioterapista estaba enfermo – los médicos no deberían enfermarse jamás-. Luego, cuando por fin obtuve la cita con él me indicó: "Mientras abrimos su historia y hacemos los trámites del seguro vaya tomándose esta tomografía. Ya la vamos a llamar ". Pasó nuevamente una semana para obtener los resultados. Tomándole el pulso al  tiempo pedí una cita sin que nadie me hubiera llamado.  En esta nueva reunión con el doctor me explicó su plan a seguir: “Vamos a estudiar su caso y ya la vamos a llamar”. El doctor y su equipo tenían que  hacer su plan de ataque y pedir la carta de garantía. Pasaron un día, dos, tres, contemos cerca de una semana y la compañía de seguros no aprobaba la carta. La observaron tres veces por las razones más absurdas. Falta el informe de las últimas resonancias (pero si yo se las di al doctor ¡plop!), falta un informe del médico que indique que necesita la radioterapia (a falta de uno le consiguieron dos informes), queremos un informe más extenso y que nos indiquen dónde se va a realizar el tratamiento (¿pero no queda claro qué centro médico está pidiendo la carta de garantía???).

La agente de la compañía bróker de seguros que me atiende es un ángel. Ella pelea con la compañía de seguros como si yo fuera de su familia. Es súper eficiente. Pero ni con todas sus habilidades lograba mayores avances.

Me fui a la playa a relajarme un poco con mis hermanas, una escapada de Lima. Pero mi relax no fue tal, aunque debo de reconocer que la distancia siempre te da cierta perspectiva. De pronto hice click y un foco se encendió en mi mente: “Si lo que me tortura es que se pasen tantos días después de que me han hecho un raspón en la vagina y las células pueden andar dispersándose por ahí sin recibir tratamiento ¿Por qué no empiezo de una vez pagando yo misma el tratamiento?”.

Llamé al centro de radioterapia le pedí el presupuesto: Yo cubriré la primera semana, le dije pero empiezo HOY. Ahí me enteré que la primera semana era la más cara porque incluye todos los estudios de planificación, la preparación de la máquina, etc. Lo más económico eran las sesiones de radioterapia. Cada sesión de radioterapia cuesta 100 dólares, pero la cuenta llegaba a 1,600 dólares.

Al diablo con el dinero, pensé. Para casos extremos como este es que una ahorra. Este es uno de esos momentos en que una mujer puede y debe vender sus joyas si es necesario.

Así que saqué mi cita, avisé a mi broker de mi decisión y recupere el control.“Yo decido sobre mi salud”, escuchaba mi voz al teléfono. “…por la ineficiencia del seguro no voy a poner en riesgo mi vida, ya luego veremos cómo me reembolsan lo invertido… me están perjudicando y yo tengo otras opciones…”. Me volvió el alma al cuerpo y por fin pude relajarme.

Adelantamos nuestro regreso a Lima para recorrer los 70 km que nos separaban de la ciudad y atravesarla justo a la hora en que las avenidas se ponen intransitables y llegar en tiempo récord al corazón de San Isidro, en plena época navideña.

Dios estaba de mi lado, no hay duda.  La carta de garantía se aprobó milagrosamente y estuve  cinco minutos antes de la cita. Me hacen pasar con el doctor quien muy risueño me indica que todo ya está listo pero que la máquina está en mantenimiento, estaríamos empezando después de fiestas, exactamente el 26.  Y nuevamente escucho: “Ya la vamos a llamar”.

Si lo miraba por el lado bueno, de ser así podría comer rico en Navidad, pero esperar una semana más me resultaba insoportable. Para el 26 no me van a durar las marcas que me hicieron en la pelvis, le digo al doctor. Es más, las marcas ya casi están borradas porque el plástico que las protegía ya se me salió… Bajamos al área de tratamiento para que me volvieran a marcar y nos damos con la sorpresa que el acelerador lineal ya está en funcionamiento. El doctor se demora un poco pero cuando regresa me dice: “Empieza mañana”. Eso sí que fue música para mis oídos.

Así que por fin, empecé. Ayer me fui a ver una linda película “Una aventura extraordinaria”, del director Ang Lee a las 11 de la mañana -en función para periodistas- luego tuve el almuerzo navideño con mis compañeros de trabajo y de ahí volé hacia el centro de radiooncología.

Esta vez fui sola, estaba absolutamente en control de mis emociones, feliz de empezar mi tratamiento. No se siente nada, solo un zumbido como el de un moscardón y la máquina gira alrededor de tu cuerpo, se ubica en la zona de las marcas y lanza sus rayos. Lo único que tengo que hacer es mantenerme quieta. Eso es fácil.

Por la tarde fui a mi clase de “entrenamiento autógeno” y estuve a punto de salirme porque no aguanto al profesor. El entrenamiento me parece bacán, pero no soporto a las personas fanáticas que solo te repiten unas tres ideas a lo largo de 90 minutos. El principio es el mismo: la auto-curación, pero prefiero los códigos curativos. Yo tomo mi manual entre mis manos y listo. Aquí debo escuchar el mismo discurso clase tras clase para que al final en un lapso de 3 minutos hagamos el nuevo ejercicio…  ¡No vuelvo más!!!!


Señor, gracias por los pequeños milagros de cada día, gracias por los momentos de iluminación que te llevan a decir “¡Basta!” y recuperas el control. Gracias, también por los ángeles que pones en mi camino. Bendice a todos los que me rodean e ilumina mis decisiones.

miércoles, 11 de abril de 2012

Amo mi peluca


Hace un par de semanas salí del país por unos días, tenía un compromiso ineludible en los Estados Unidos. La fecha fue más que providencial, coincidía con la tercera semana de tratamiento, es decir con la semana en que tengo energías. No obstante estaba nerviosa.

El mismo día del viaje, mi oncólogo me recibió para revisar mis análisis, la hemoglobina estaba en 11 y los leucocitos en 4,000. “Todo bien”, me dijo, “puedes viajar”. Yo iba a viajar de todas maneras con mascarilla, tal vez con las defensas reforzadas por alguna vacuna o algo así. Pero no fue necesario.
Saber que al día 11 del tratamiento, en que se supone que tu cuerpo está al nivel más bajo de defensas, te digan que no estás tan mal me dio mucha fuerza para salir a cumplir con lo mío. Me fui feliz, orgullosa, sintiéndome fuerte –increíblemente fuerte.

Llevé una maleta pequeña y un bolso de mano tal vez más grande. Ahí llevaba todo lo importante: mi notebook, el cargador, las copias de mi ponencia, las cartas de invitación por si los gringos se ponían pesados, mis joyitas, mis medicamentos y, por supuesto mi peluca.

Había decidido viajar cómoda y además cuidar de mi nueva cabellera. Estaba recién peinada y yo no quería que los rulos naturales llegaran aplastados ¡De ninguna manera!

Pregunté si había que declarar la peluca por temas de seguridad, me dijeron que no, así que la empaqueté bien para que no se chancara y ¡listo!!

El personal de aduana en Lima fue muy discreto, me hicieron sacar todo, hasta la correa pero no el pañuelo que llevaba en la cabeza. Una oficial me palpó discretamente y al comprobar que no había pelo ni paquetes de droga ocultos bajo mi pañuelo turbante me dejó pasar sin problemas.

Confieso que esto de viajar con un pañuelo que te cubre la cabeza me dio una seguridad singular en lo que respecta a higiene, me sentía protegida: de piojos, microbios o lo que fuera (al final siempre me da asco apoyar mi cabeza donde otra persona ha tenido la suya durante horas).

Cuando llegué a mi destino la seguridad del aeropuerto se desquitó a gritos contra mi pañuelo y mi sangre latina. “¡MOM!!!! ¡MOMMM!!!”, gritaba el afroamericano. No me palparon el cráneo porque tienen un sistema de rayos X que te ven desnuda completamente. Felizmente mi peluca paso desapercibida en la maleta de mano y seguí mi camino.

Una vez ubicada en el hotel acomodé mi preciada cabellera en lugar preferencial y solo la usé el día de mi presentación. Así descubrí que con peluca no me reconocen o  con pañuelo no me reconocen, somos dos personas distintas. Bueno, la peluca  iba acompañada de ropa formal, detalle importante, valgan las verdades.

De vuelta a Lima, tuve que hacer trámites notariales casi de inmediato y ahí estaba mi peluca lista para ser usada. Una obra de arte ready-made (como decían los vanguardistas) pero mutante, porque la peluca será la misma, pero los rulos nunca se ven iguales.
Ayer tuve un compromiso y nuevamente me enfundé mi peluca. La peiné un poco y aunque rebeldes, sus rulos nunca son tanto como mi pelo original. En ese momento caí en cuenta que la peluca es una bendición. No me tengo que teñir las canas y  me hace lucir más joven porque desde mis tempranos treintas nunca he tenido tanto volumen de cabello.


Señor, bendice a las peluqueras que se queman los dedos tratando de darle mayor naturalidad a los rizos de mi peluca. Dales larga vida y una buena jubilación porque se lo merecen. Mi peluquera, mi confidente. Ella misma la lava, la seca, la prepara y me da ese look libre que hace que pueda sacarle más puestas que los peinados que con tanto esfuerzo lograba sobre mi pelo natural. Si supiera que la llevé escondida en la maleta, me mata.

Gracias, Señor por todas tus bendiciones.

jueves, 9 de febrero de 2012

Una pequeña gran victoria


El lunes no llegué a ir al seguro a sustentar mi caso. Mi médico me informó que no le habían confirmado la hora exacta de la reunión, así que me quedé con los crespos hechos… es decir con mi carta de descargo, con el informe de mi médico cirujano y la copia de todos los chequeos preventivos anuales que me habían encontrado sana durante los últimos años.

A la mañana siguiente, recibí una llamada de la propia gerente de salud del seguro, quien me decía que habían evaluado mi caso y los médicos habían cambiado de opinión, es decir aceptaban mi cobertura. La gerente sabía que yo iría a presentar mi carta y me llamaba para recibirme ella personalmente y conversar conmigo.

La situación fue al revés de lo esperado, la que presentaba los descargos era ella, diciendo que como se trataba de un caso raro habían surgido contradicciones, pero que de ahora en adelante contaba la cobertura total -¡YEH!!!- y que como yo había costeado mis dos primeros tratamientos, que presentara los documentos y me iban a reembolsar lo gastado.

Salí, saltando en un pie. La verdad me sentía algo aturdida, parecía un sueño… Pensé en lo privilegiada que era de contar con un médico guerrero como yo y, además, respetado e influyente.

Mi dignidad ha sido restablecida. La autoestima de sobreviviente oncológica se ha fortalecido. Me siento tan afortunada que me dan ganas de llorar por aquellos que no están en mi situación privilegiada.

Pero se ha hecho justicia. Esta gran empresa aseguradora ha tenido que “entender” que yo he estado bien, sin mayor riesgo de morir de cáncer que de un accidente de tránsito, aunque para el sistema yo era una “excluida”.

Ahora, con  este precedente habrá que seguir luchando por nuestros derechos en relación a los seguros de salud y de desgravamen, por ejemplo.


Señor, gracias por todos los que han rezado por mí. Sé que hay algunos que se sintieron defraudados de que Dios no les hiciera el milagro para que mis resultados patológicos no dieran con la palabra cáncer, pero esta pequeña victoria es una gran victoria. A veces los seguros resultan más resistentes que el propio cáncer. Ilumina a los que trabajan ahí, tócales el corazón para que sean más justos y más pacientes se puedan beneficiar sin tanto desgaste emocional.