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martes, 14 de mayo de 2013

Del banco, la perra y la peluca


Ayer, avanzada la tarde, me doy cuenta que tengo que pagar mi tarjeta de crédito y ya no  lo puedo hacer vía online, así que me alisto para ir al banco que queda a tres cuadras y hacer el pago en el cajero automático.

Como estoy deportiva con buzo y zapatillas me animo a llevar a la perra conmigo. Aprovecho para que se pasee, pienso.

Enrumbo al banco, la perra camina obediente hasta que a unos pocos metros de mi objetivo se dispone a hacer sus necesidades. ¡Oh, no!!! Si mayores reparos deja un regalito enorme sobre la acera. 
Felizmente estaba preparada y tenía dos bolsas en mi cartera. Me agacho para recoger sus heces y me olvido que llevo puesta la peluca. Estoy en plena faena de recojo cuando la perra se suelta, me incorporo de un salto y me lanzo sobre la correa que se alejaba cada vez más de mi. En ese momento siento que con el impulso la peluca ha dado un brinco en mi cabeza y ha caído por donde ha querido.

Cuando logro levantarme el pelo me cae sobre la frente sin raya ni forma. Tengo las manos ocupadas con la correa de la perra y la bolsa con el recuerdito. Trato de mirarme en el vidrio de las ventanas del banco, no llego a distinguir nada.

Ya en el banco no me queda otra que dejar a la perra afuera, enganchada en la reja, entro con mi bolsa del delito y me acomodo la peluca ante la mirada asombrada del vigilante. De hecho que cumplo todos los requisitos del manual del sospechoso. ¡Con perra y con peluca!!! Hago mi trámite lo más rápido que puedo y recupero el peinado y la dignidad en cuanto vidrio encuentro en mi camino.

Regreso lo más rápido posible y ruego a todos los santos no encontrarme con nadie conocido… Voy pensando que a veces es mejor camina sola, que mal acompañada. Sobre todo en mi situación.


Gracias, Señor, por las anécdotas que le quitan solemnidad a la vida, que nos hacen reírnos de nosotros mismos. Sin ellas que aburrida sería la vida.

domingo, 24 de febrero de 2013

Un pelo en la almohada


Un pelo en la almohada, luego otro en la tina, un manojo entre las hebras del cepillo. Muchos más en el suelo, sobre la ropa. Donde quiera que vaya dejo mi rastro de cabello. Mi nuevo cabello más ensortijado y suave que nunca me está abandonando.

Hace unos días – justo el día 15 del tratamiento- me brotó un dolor generalizado en el cuello cabelludo, se sentía como si todos los folículos pilosos se hubieran abierto. Yo supe que era la señal. El peinado ya no arma.

No he tenido fuerzas de ir a la peluquería, no he podido encargar una nueva peluca. Solo he rescatado algunos pañuelos y mi turbante.

Ayer la caída fue más dramática, ya se nota espacios vacíos en diferentes partes de mi cabeza. Me sigue doliendo el cuero cabelludo. Está inflamado.

Me habían dicho que con esta medicina no se me caería tanto el cabello. Craso error. Esta vez parece que se me caerá todo  y en pocos días.

Me divierto haciendo montículos con mis rizos caídos. Me paso la mano por la cabeza y formo estas bolas de pelo que se van sin despedirse. No me da pena. No me preocupo por la belleza perdida. La belleza no me preocupa hace muchos días. Me preocupa mi salud.

Al contrario de Sansón, yo lanzaré un grito de guerra en cuanto me quede totalmente calva y me cargaré de fuerza para luchar.

Estoy empezando una nueva etapa, la de la visibilidad. “Sí tengo cáncer ¿y qué? Tal vez tú tengas pero no lo sabes”. Eso le diré mentalmente a la gente que me mire en las calles. Si no es para sonreírme  darme aliento, mejor que no me miren.

Me doy cuenta que estoy más furiosa que nunca. No creo que sea por la pérdida de mi cabello. Solo estoy furiosa. Quiero llorar.


Gracias, Señor, por las lágrimas que se llevan las tristezas, gracias por la furia que al final se transforma en serenidad. Gracias porque sigo viva y con fuerzas para luchar.

martes, 9 de octubre de 2012

Los nuevos retos


Ahora estoy consciente que aunque me sienta muy saludable siempre aparecerá uno que otro achaque por ahí para recordarme que hace solo cinco meses me sometí a una quimioterapia.

Reto 1-
Cuidado con la comida.  La dieta vegetariana no es ningún problema para mí. He aprendido a comer cosas ricas, muy ricas, como los palmitos en las ensaladas y los champignones que no me hacen extrañar ni el pollo ni la carne. La palta es una gran aliada pero también puede transformarse en una pequeña enemiga si la como de noche. Ahora no me indigestión ni náuseas. Lo que siento si como palta o algo grasoso por la noche es mucha sed y un ataque de transpiración general que puede durar más de media hora.

Es cierto que tengo que no debo comer grasas por mis transaminasas que están elevadas pero a veces uno ni se da cuenta de lo que come…

Reto 2-
Evita los asientos duros. Este es un achaque antiguo de cuando me hicieron el RIC (radiación intra vaginal). Si me siento en un banco o una silla dura, dolor seguro.  Esto incluye sentarme en el piso, ¡imposible!!!

Reto 3-
No pases la aspiradora. Al menos no mientras no recuperes el estado atlético de tus tempranos veintes… Esta medida de prevención se aplica también a todo tipo de trapeadores. Este tipo de ejercicio inflama de alguna forma mis músculos lumbares, que se contracturan y se abultan como nudos entre mi cintura y cadera.

Reto 4-
Vence tu adicción a la coca-cola y demás gaseosas. ¡Qué difícil! Pero las gaseosas no solo me hinchan los ojos sino que también me hace ir a orinar más rápido. Además me han dicho que estoy formando fosfatos y estos pueden generar arenillas o cálculos en el riñón. A veces tengo que ponerme fuerte y amenazarme con un trasplante de riñón para que se me pase el antojo de la gaseosa.

Reto 5-
Descuida de la fuerza de tus piernas y pies. Mientras no vuelva al gimnasio, la natación o el baile, debo pensar que mis piernas andan flojas y no soportan el peso de mi cuerpo. Ayer lo comprobé con una insólita caída. Mejor debería decir hundimiento. Intenté subir un muro pequeño (50 centímetros). Me di el impulso, subí una pierna, levante la otra. Primer intento: me fui para atrás como un porfiado. Segundo intento: logré balancearme pero mi pierna izquierda que estaba arriba se hundió y quedé arrodillada hecha un ovillo. ¿Cómo iba a imaginarme que mi pierna no me resistiría? ¿Será un problema muscular?? Será un problema neurológico?? Ya se imaginan cuál será el tema de mi próxima consulta médica.

Los médicos oncólogos son muy graciosos, cuando les tocas este tema te preguntan si puedes caminar o te tropiezas. Cuando les dices que no es para tanto, no le dan mayor importancia. Así que daño colateral debe haber pero no me dicen qué debo hacer para recuperarme.

Reto 7-
Cuidado con las manos. Estas manitas que Dios me ha dado son muy leales, aquí están tipeando estas líneas. Pelan fruta, verduras, me permiten hacer muchas cosas, pero si me pongo a analizarlas… aquí va. Mi mano derecha todavía no puede cerrarse completamente. Si encojo los dedos (como si cerrara una garra) siento que tuviera algo que me lo impide. Mi escritura a mano ha mejorado, pero no así la precisión de mi trazo al delinearme los ojos. Me cuesta mucho trabajo.

Ni se diga lo que tengo que hacer para abrir frascos o girar la tapa de las botellas… Debo mejorar mi actividad motora-fina y la no fina, también.

El otro día cargué varias bolsas de compras para bajarlas del auto hasta la casa. Bueno al tantear el peso no me pareció excesivo, pero al dejarlas sentí un dolorcillo y ¡oh!, ¡oh!, sí que pesaban porque hasta me había salido un bulto un poco antes de la muñeca. O sea se me derramó el líquido de la articulación y yo no había sentido nada…

Reto 8-
Anda aprendiendo braille. Mis ojos, esos ojos que tenían 20/20 hasta los 30 años han perdido su precisión. Cuando he vuelto a trabajar después de ocho meses no hay ubicación de la PC que se acomode a mi vista. Los lentes multifocales no me sirven y debo usar los lentes para cerca porque si no me desnuco tratando de levantar la cara para hallar el foco. Este jueves tengo cita con el oftalmólogo…

Reto 9-
Nunca estornudes sentada. Hace años que no puedo estornudar sentada en la cama. Si esto ocurriera me da un calambre a la altura de los intestinos que me quiebro en dos. Me habían dicho que podían ser las adherencias de mis cirugías anteriores, pero mi oncólogo dice que debe ser un calambre del diafragma. Creo que el magnesio es bueno para los calambres…

Reto 10
Olvídate de todo y haz tu vida normal. Fácil decirlo… Yo me olvido rápidamente que estoy sin peluca y puedo salir a la calle con mi nuevo african-look. Los vecinos ya se acostumbraron a verme con pelo largo, corto, con pañuelo, boina, turbante, etc. El otro día no me habrían la puerta de la cochera, al hacerle señas al vigilante me reconoció con mi pelo corto y una vincha. “Cada vez más linda” fue todo su comentario. Con su piropo conquistó mi corazón…


Señor, gracias por mi recuperación, gracias por mis médicos, mis vecinos, mis amigos y mi familia (incluido los vigilantes de la cochera y el edificio). Gracias,  también, por las flores de la primavera que nos alientan y anuncian una nueva temporada.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Recuperé mis fuerzas


La semana pasada puse a prueba mi resistencia física. 

Sábado tuve un matrimonio que terminó en una fiesta hasta las 2 de la mañana. Fui tan feliz como la misma novia, pero mis motivos eran otros. Por fin podía estar ahí con tacos, vestida bonita y con mi peluca recién peinada. Domingo descansé. Lunes me fui al cine. Martes y miércoles tuve un curso de 7.30 a 10 de la noche, lo que significó que estuviera casi 13 horas continuas en el trabajo. El jueves tuve una cena con mis primos, de ocho a 11.30 de la noche. Entre risa y risa el cansancio se desvaneció.  El viernes fui a una fiesta y bailé durante dos horas seguidas, como un trompo feliz!!!  

Este sábado: dicté mi taller con los niños por la mañana. Recargué mis baterías por la tarde y el domingo me fui de exploradora a pasear por Las Lomas de Lúcumo, en Pachacámac. Manejé mi auto, trepé el cerro en una caminata de una hora, almorcé rico y por la tarde fui a conocer unas huacas aún en estudio.  A las 6 de la tarde volví cansadita pero feliz!!!!

Yo estaba feliz no solo por haberme divertido, por haber socializado, por haber vuelto a la vida pero especialmente porque mi cuerpo ha estado en condiciones de seguirme el ritmo.

Este cuerpito que Dios me ha dado, es una máquina misteriosa, tiene un asombroso poder de recuperación. A cinco meses de mi última quimo ya estoy como si nada… Solo llevo dos marcas que aun me delatan: mi catéter y mi cabello que todavía parece una pelusa.

Aun me cuido y voy al trabajo solo tres días a la semana, los otros días monitoreo desde mi casa y puedo dormir la siesta. Siempre es bueno descansar pero ahora mi siesta es rápida,  no más de 30 minuto: y lo mejor de todo, ya no caigo como muerta.

Me imagino que la dieta y las hierbas chinas para controlar las transaminasas están haciendo su efecto.


Gracias, Señor, por el descanso, por la alegría de vivir, por ni familia y  los amigos que me apoyan, por las hierbas chinas y por escuchar mis ruegos… Pero, especialmente, gracias por mi cuerpo, con su ADN mutante y sus achaques, no me importa!!! Así lo quiero!! Es mi cuerpo y punto!! 

domingo, 2 de septiembre de 2012

La realidad golpea


Luego de ocho meses de estar entregada a sanarme, he vuelto al ruedo. 

Como trabajo en una universidad dictando clases, empecé a ir una semana antes del inicio del semestre, para acostumbrarme. 

Al principio todo parecía ir bien, hasta que me di cuenta que no me podría ir temprano a casa, porque habían muchas cosas acumuladas en mis meses de ausencia. Quise quedarme hasta tarde para no ir todos los días, pero el problema que encontré es que no hay comida saludable para tomar un loche vegetariano. Todos los sándwiches tienen jamón, o queso o harta mayonesa.

De todas maneras me he quedado hasta tarde pero ahora llevo mi lonchera para la media mañana, el almuerzo y el lonche. Realmente es todo un esfuerzo prepararla y cargarla. Como llevo envases de vidrio en vez de plástico, ya el hombro se me descuelga.

Pero aquí estoy tratando de bajar el ritmo y controlar a quienes me presionan a hacer más de lo que debería. Una cosa es dar una mano, colaborar, otra es tomar toda la responsabilidad… pero a veces es necesario. Me doy cuenta que necesito trabajar mucho el autocontrol para no caer en el stress de siempre, perdón, de antes..

Cuando dicto clases estoy con mi peluca, pero en la tranquilidad de mi oficina me la quito y me pongo un pañuelo. A estas alturas ya no me importa si la gente habla de mí. En todo caso hablarán de “lo que pasó” o de “lo que ya superé”. Ahora que sé que he pasado mi control estoy más fuerte, así me digan que alguien dijo “que estaba cagada” ya no me afecta, me da risa.

El viernes me quedé en casa, a pesar que me parecía que debía ir a trabajar. Opté por monitorear desde lejos, logré descansar. El cuerpo me lo pedía. He comido sano y rico.

El lunes que se vislumbraba lejano ya llega. Me dispongo a reunir la energía que necesito para dictar clase y no morir en el intento…

Señor, te doy gracias por la energía renovable de este cuerpo autosustentable. Con la ayuda de mis médicos y el empeño que le ponemos todos en mi familia para comer bien, dentro de mi dieta vegetariana y , además, baja de grasas, estoy saliendo adelante. Sé que tú estás detrás de mi fuerza de voluntad porque sola yo no podría.

viernes, 1 de junio de 2012

¿Y dónde está mi cabello?

Mi cabeza lucía como un alfiletero hace un par de semanas, pero todavía no se cubre mi cuero cabelludo. Es más me parece que los cabellos que asoman son los que resistieron la quimio, pero ¿dónde están los otros? ¿No van a volver? ¿Son invisibles? ¿Se han vuelto a caer?

Ya no sé qué pensar de la recuperación de mi pelaje… Cuando terminé el tratamiento aun me quedaba el 30% de mis cejas y pestañas, pero ahora, en vez de haberse poblado nuevamente se han caído casi por completo.
Me pregunto si la dieta sin proteínas, que empecé hace 10 días tendrá algo que ver. La teoría del médico chino es que no hay que alimentar a las células cancerosas, por eso no debo comer  ningún tipo de hormonas sexuales ni de crecimiento. Es decir nada de proteínas provenientes del reino animal, y nada de soya. Así que le he dicho chau a la leche de soya, al queso y a los helados…

¿Le habré dicho chau a mis cejas y pestañas, también, sin darme cuenta?? Espero que no, pero mientras espero que regresen, me impaciento. La falta de pestañas realmente es molesta, el ojo te pica todo el tiempo.

Pero si he de hablar de las molestias, tengo que volver a mencionar mis pies. Curiosamente – no sé si también coincide con que estoy tomando las hierbas chinas-, los pies están más acalambrados que nunca. Se acalambran incluso cuando estoy con zapatillas. A veces me saco la zapatilla para ver si no tengo la media arrugada en la planta o algo así, pero no. Mis pies están acalambrados la mayoría del tiempo. La duda es si estoy recuperándola sensibilidad y por eso siento el acalambramiento o si se me están acalambrando más que antes.

Pero el invierno siempre ha traído consigo los calambres. Hace un par de noches, me despertó una sensación rara en mi brazo derecho, se había estrangulado con la manga del pijama y estaba adormecido desde el hombro hasta los dedos. Ese día pensé morir de dolor, pero la falta de sensibilidad en los dedos de la mano me salvó. Tomó su tiempo y mucho dolor que volviera a la normalidad.

Felizmente el estómago está de lo mejor, no tengo gastritis y voy al baño regularmente después de cada comida.  Entre la nueva dieta y las hierbas chinas ya no siento que necesito echarme a dormir después de comer y es como si tuviera más energía.

Lo único que me preocupa es que se me acabe el descanso médico. Ya me acostumbré a vivir sin trabajar. Me siento amenazada ante la posibilidad de volver a la rutina de antes. Aun no estoy lista a enfrentarla. Necesito más tiempo.


Gracias, Señor, por las hierbas chinas que están limpiando mi cuerpo y sanándome. Dame fortaleza para seguir la dieta y no caer en la tentación de romperla, y dame paciencia para esperar el tiempo necesario para volver a ver mi cabello en el espejo. Bendice a todos los que me apoyan de cerca y de lejos. Amén.




miércoles, 16 de mayo de 2012

Los pequeños placeres de la vida


El escritor chino Lin Yutang sostenía que uno puede considerarse afortunado si  come cuando tiene hambre, duerme cuando tiene sueño o se rasca cuando le pica. Esos pequeños grandes placeres son totalmente ciertos y nada mejor que un periodo de convalecencia bien llevado para disfrutarlos.

Yo le agregaría un par de  variantes en el caso de los pacientes oncológico:

1-Tumbarse cuando el cuerpo no te da más y abandonarte al ocio reparador sin remordimientos.
2-Rascarte el cuero cabelludo cuando te pica y descubrir que no se trata de brotes de caspa, ni de ninguna alergia o sarpullido, sino de tu nuevo cabello brotando por toda tu cabeza.

Desde la última semana me rasco la cabeza con indecencia, porque tengo comezón y por el simple placer de sentir que nuevamente hay vida bajo mi cuero (que fea palabra) cabelludo.  En cuanto surgió la sospecha de este milagro, me acerqué al espejo, prendí las luces del tocador, me puse los lentes de cerca y para mejores resultados tomé en mis manos el espejo de aumento que otrora usaba para depilarme. Y, sí, ahí estaba mi nueva cabellera asomando al mundo con fuerza. De perfil mi cabeza parece un alfiletero, pero no me importa. En un primer momento me asusté porque  no toda la superficie tenía folículos pilosos – me quedaré más calva que nunca, pensé- , pero no era así, casi imperceptibles brillaban mis canitas un tanto camufladas con la piel. ¡Qué alivio!

Después de cuatro meses de una depilación brasileña gratis e indolora voy a extrañar mi cuerpo exento de vellosidades. Estoy segura que mis axilas, pelvis,  bigote y patillas van a salir a la luz antes que mis pestañas y mis cejas y tendré que volver a preocuparme por la depilación con carácter de urgencia. ¡Pero será un gran placer!!!

Este idilio de mi cuerpo convaleciente va  llegando a su fin, espero que junto a las vellosidades y a mi nueva cabellera regresen también mis fuerzas, la energía que necesito para volver a la normalidad (si es posible hablar de normalidad, en mi caso).


Gracias, Señor, por haberme permitido disfrutar de la vida en esta etapa de convalecencia, de  los pequeños grandes placeres de alimentarte, descansar o, simplemente, rascarme cuando me pica. Realmente me siento muy afortunada.

jueves, 19 de abril de 2012

Políticamente incorrecta


Mi hermana mayor me acosa diciéndome ¿por qué no te pones la peluca! Yo no sé qué contestarle, no sé si lo hago por comodidad o porque me gusta mi imagen en el espejo con pañuelitos, turbantes,  gorritos o lo que fuera que se me antoja ponerme. Por lo menos píntate las cejas, fue su última advertencia, y en eso sí tenía razón. Con un buen retoque a las cejas se te va el aire de enferma. 

Por suerte, de toda mi cabellera lo único que queda son las patillas y eso también ayuda.

Cuando estuve de viaje fui feliz.  Como era primavera, en el día usaba un gorrito coquetón con quepí y en las noches me ponía una boina negra de paño. La gente pensaría que era una artista o un artista con quimio –¡adivinaron!-. Yo me sentía súper libre porque nadie me conocía. Acá en mi ciudad natal todo es diferente.

Hay que pensar en no asustar al prójimo, para evitar las explicaciones… El otro día llamó a mi casa una vecina que nunca nos habla, la verdad sea dicha del saludo no pasamos. Pero llamó para saber por mi salud. Dice que me vio y que el pañuelo se me había movido y supo inmediatamente que algo raro pasaba. Lo bueno es que se trata de una señora evangelista y está orando por mí. Se lo agradezco.

Creo que a mi hermana le molesta que luzca enferma porque soy una amenaza para sus temores. Ella fue la primera en tener cáncer de ovario hace 19 años y tuvo dos episodios al igual que yo, y, al igual que me pasó a mí antes de recaer, está por cumplir 14 años sana.

Me doy cuenta que soy un símbolo viviente de que el cáncer le puede dar a cualquiera, o de que puede volver a atacar y hay que estar alerta. Pero, además, soy un símbolo de que los enfermos de cáncer no parecen estar enfermos, de que los pacientes de quimio no se parecen a los pacientes de la Teletón.

Cuando estoy sin peluca me convierto en una presencia políticamente incorrecta para mi sociedad ignorante y temerosa. Y tal vez esa sea mi misión en esta vida…

El otro día estuve en Wong, fui con mi pañuelito y sin asco me coloqué en la caja preferencial. Como había poca gente a esa hora, delante de mí había una señora joven y perfectamente sana que empezó a dar signos de bochorno en cuanto me vio. He decidido aprovechar lo que me queda de tratamiento y estacionarme en el lugar reservado para minusválidos y ponerme en la cola preferencial en el banco, tenga o no peluca… Es mi derecho y es algo que debo aceptar, aunque todos me digan que me veo bien.

Ayer fui a buscar un colchón nuevo. Me había olvidado que tenía un pañuelito puesto- siempre me olvido que soy una presencia amenazante-. Cuando le expliqué al vendedor que buscaba un colchón firme pero no muy duro y luego de probar varios de los que tenían en exhibición sin éxito, interrumpiendo su discurso tecnológico con mis explicaciones que tengo un dolor en el área lumbar y que el súper relleno que me recomendaba me empujaba las costillas de abajo para arriba, comprendí que había metido la pata. Pobre vendedor, pensaría que tenía cáncer de huesos, porque yo personificaba a doña Dolores... Cómo explicarle que la última vez que compré un colchón me vi obligada a devolver los dos primeros que escogí alegando que no podía pagar tanto por un colchón de marca que me hiciera doler el cuerpo al extremo de no poder continuar durmiendo. Supongo que como al final terminé comprando el más caro de todos deben haber retirado  mi foto de la lista de indeseables en la tienda...

Visualicé mi propia imagen, con pañuelo en la cabeza, tirada sobre cada colchón que me recomendaban: de espaldas, de costado -¿existe otro modo de probar un colchón?- y me descubrí como una modelo de catálogo oncológico ...Ja,ja,ja, ja!!!! Al final me cotizaron el segundo más caro de la tienda y me fui dejando ilusionado al vendedor con la posible venta.

Por la tarde fui a hacer un trámite y la señora que me atendió fue por demás atenta, intervino a mi favor y dijo: las señora está un poco delicada.... yo sonreí  por dentro, me acomodé el pañuelo  y me pareció escuchar la voz de mi hermana impaciente diciendo ¿por qué no te pones la peluca!

Señor, bendice las cajas preferenciales, bendice a la gente amable y comprensiva que tiene gestos cálidos con los pacientes oncológicos. Protege,además, a las pacientes testarudas como yo que teniendo peluca, salen al mundo con su pañuelo delator.

miércoles, 11 de abril de 2012

Amo mi peluca


Hace un par de semanas salí del país por unos días, tenía un compromiso ineludible en los Estados Unidos. La fecha fue más que providencial, coincidía con la tercera semana de tratamiento, es decir con la semana en que tengo energías. No obstante estaba nerviosa.

El mismo día del viaje, mi oncólogo me recibió para revisar mis análisis, la hemoglobina estaba en 11 y los leucocitos en 4,000. “Todo bien”, me dijo, “puedes viajar”. Yo iba a viajar de todas maneras con mascarilla, tal vez con las defensas reforzadas por alguna vacuna o algo así. Pero no fue necesario.
Saber que al día 11 del tratamiento, en que se supone que tu cuerpo está al nivel más bajo de defensas, te digan que no estás tan mal me dio mucha fuerza para salir a cumplir con lo mío. Me fui feliz, orgullosa, sintiéndome fuerte –increíblemente fuerte.

Llevé una maleta pequeña y un bolso de mano tal vez más grande. Ahí llevaba todo lo importante: mi notebook, el cargador, las copias de mi ponencia, las cartas de invitación por si los gringos se ponían pesados, mis joyitas, mis medicamentos y, por supuesto mi peluca.

Había decidido viajar cómoda y además cuidar de mi nueva cabellera. Estaba recién peinada y yo no quería que los rulos naturales llegaran aplastados ¡De ninguna manera!

Pregunté si había que declarar la peluca por temas de seguridad, me dijeron que no, así que la empaqueté bien para que no se chancara y ¡listo!!

El personal de aduana en Lima fue muy discreto, me hicieron sacar todo, hasta la correa pero no el pañuelo que llevaba en la cabeza. Una oficial me palpó discretamente y al comprobar que no había pelo ni paquetes de droga ocultos bajo mi pañuelo turbante me dejó pasar sin problemas.

Confieso que esto de viajar con un pañuelo que te cubre la cabeza me dio una seguridad singular en lo que respecta a higiene, me sentía protegida: de piojos, microbios o lo que fuera (al final siempre me da asco apoyar mi cabeza donde otra persona ha tenido la suya durante horas).

Cuando llegué a mi destino la seguridad del aeropuerto se desquitó a gritos contra mi pañuelo y mi sangre latina. “¡MOM!!!! ¡MOMMM!!!”, gritaba el afroamericano. No me palparon el cráneo porque tienen un sistema de rayos X que te ven desnuda completamente. Felizmente mi peluca paso desapercibida en la maleta de mano y seguí mi camino.

Una vez ubicada en el hotel acomodé mi preciada cabellera en lugar preferencial y solo la usé el día de mi presentación. Así descubrí que con peluca no me reconocen o  con pañuelo no me reconocen, somos dos personas distintas. Bueno, la peluca  iba acompañada de ropa formal, detalle importante, valgan las verdades.

De vuelta a Lima, tuve que hacer trámites notariales casi de inmediato y ahí estaba mi peluca lista para ser usada. Una obra de arte ready-made (como decían los vanguardistas) pero mutante, porque la peluca será la misma, pero los rulos nunca se ven iguales.
Ayer tuve un compromiso y nuevamente me enfundé mi peluca. La peiné un poco y aunque rebeldes, sus rulos nunca son tanto como mi pelo original. En ese momento caí en cuenta que la peluca es una bendición. No me tengo que teñir las canas y  me hace lucir más joven porque desde mis tempranos treintas nunca he tenido tanto volumen de cabello.


Señor, bendice a las peluqueras que se queman los dedos tratando de darle mayor naturalidad a los rizos de mi peluca. Dales larga vida y una buena jubilación porque se lo merecen. Mi peluquera, mi confidente. Ella misma la lava, la seca, la prepara y me da ese look libre que hace que pueda sacarle más puestas que los peinados que con tanto esfuerzo lograba sobre mi pelo natural. Si supiera que la llevé escondida en la maleta, me mata.

Gracias, Señor por todas tus bendiciones.

sábado, 4 de febrero de 2012

El tercer día de mi segunda quimio


Gracias a Dios y a las muevas medicinas estoy perfecta. Tal vez sienta la digestión un poco lenta, pero nada más.  El primer día la sesión duró siete horas, pero todo bien. Mi oncólogo acostumbra que sus pacientes reciban una sesión de hidratación al segundo día de la quimio, te colocan un suero con el medicamento para proteger el estómago, luego te ponen la dexametasona y por último el protector gástrico.

A partir del tercer día tomo un Omeoprasol en ayunas y una pastillita para evitar las náuseas dos veces al día. Tengo que tomar dos litros y medio de líquidos al día y comer sano.
En la clínica a la que acudo, me encuentro con más mujeres que hombres. Los hombres pasan desapercibidos, las mujeres no. Algunas no tienen ningún signo físico de estar con tratamiento. Hay chicas regias (operadas de mama) que evidentemente llevan pelucas, van maquilladas, llevan su laptop y siguen su vida como si nada. Otras mujeres van totalmente peladas, a lo Sinead O´Connor, maquilladas y bien arregladas, las menos (deben sentirse un poco más abatidas) llevan su pañuelito o una peluca que ya necesita un retoque.

Yo me puse un turbante coquetón que me he comprado en Iñaqui, una tienda que queda en Bellísima, el centro de belleza de Marina Mora, así voy más cómoda.

Me ha llamado la atención que ninguna de las pacientes estuviera amarilla (como me puse yo hace 18 años) o pálida. La enfermera me dice que depende del tratamiento pero que ahora las drogas son mejores y no producen tantos estragos en el  hígado. Le pregunto si en el seguro social y en Oncosalud te ponen las mismas medicinas – me saco el clavo, por fin-, me informa que no, que te ponen genéricos, que aunque te curan no te evitan los estragos.

En ese momento, tomo la decisión de seguir pagando mi tratamiento en forma particular, si no me aprueba la cobertura mi seguro particular  (ya me han rechazado tres veces). Yo que he sobrevivido tantos años y sé lo que son los achaques post quimio y radio, no voy a escatimar en mi salud. Tengo que cuidar mis venas, cuidar mi hígado, mis riñones… todo mi organismo. Vale la pena reducir la intoxicación y los efectos secundarios.

El lunes tengo cita en el seguro, ahora sí van a conocer a Miski Guerrera, la afiliada que después de 18 años de sobrevivir al cáncer no le teme a nada.

Hoy he recibido una iluminación. Voy a  hacerme unas fotos para colocar en mi perfil del blog y para la carátula del libro que estoy preparando “Sueños y Sombras. Mi primera batalla”. Las fotos darán que hablar.

Gracias, Señor por este cuerpo luchador que recibe con alegría su quimioterapia, gracias por el apoyo de mis amigos y seguidores. Gracias por permitirme expresarme y compartir mis experiencias. Son mi mejor cura.

jueves, 2 de febrero de 2012

La peor parte: dar la noticia

Ayer me puse mi peluca nueva, con un corte envidiable, cerquillo lacio, sin mis clásicos rulos y castaña clara en lugar de mis habituales mechas rojas.

Me preocupaba mucho ir a mi clase con los niños y qué se dieran cuenta. ¿Se dieran cuenta de qué?? ¿De que tenía peluca? ¿O qué tenía cáncer?? 

Para disimular me puse mi pañuelito como siempre, pero el pelo estaba más largo, más lacio y de otro color…Ni bien entré todos me quedaron mirando y a boca de jarro me preguntaron: “¿Qué te has hecho?” A lo que yo les contesté: “Me cambié de pelo. Un día me gusta lacio, otro crespo, otro con pañuelo…” “Ah, tienes peluca” fue la conclusión y nadie volvió a preguntar nada más. ¡Uf!

Por la tarde, me reuní con un par de amigos, esta vez fui con la peluca y sin pañuelo. Me sentía con conflicto de identidad, pero ellos me dijeron: “¡Qué bien estás!” Yo no me sentía tan bien como ellos sostenían. “Son amables”, pensé. Y como me sentía horrible por no haberles contado nada hasta ese momento, les dije la verdad.

Casi tuve que recoger del piso a mi joven amigo, su enamorada lo tomó con más madurez, pero era evidente que él estaba punto de llorar como si estuviese viendo mi funeral.

Cuando le dije que el pronóstico era bueno y que ya era la tercera vez que enfrentaba este mal, se puso un poco mejor, pero su rostro seguía mostrando perplejidad.

Me sentí mala,  cruel por haberles dado este notición cuando nos tomábamos un heladito a media tarde. Me sentí bien porque convencí a alguien más que el cáncer no necesariamente te mata. Yo soy la prueba viviente.

Se los conté porque no haberlo hecho podría ser considerado una traición. Pase lo que pase, reaccionen como reacciones, mis amigos merecen conocer mi estado de salud. Mis enemigos, no.

Señor, te doy gracias por los ángeles que me envías a diario, los que te encuentran, te invitan un jugo y se ponen a  orar contigo con todas su alma. Bendícelos, señor. ¡Cólmalos de felicidad!

lunes, 30 de enero de 2012

Encarar la enfermedad

Desde el jueves pasado, a 15 días de mi primera sesión de quimio, el pelo se me está cayendo dejando a mis pies una alfombra de cabellos.

Como ya he pasado por esto antes, me corté el pelo chiquito, a lo Halle Berry, y he estado usando un pañuelito a modo de vincha para que la gente se vaya acostumbrando a mi nuevo look. Todos creen que me ha dado un ataque de coquetería porque aún tengo cabello y no estoy ni pálida ni amarilla.

Yo nunca tuve mucho pelo, es más siempre se me ha hecho un hueco en la raya del pelo y ese es mi punto débil. Sin embargo, hace 18 años mis pocos pelos fueron leales y no se me cayeron del  todo. Contra todo pronóstico mi cabellera se enraleció pero con un pañuelito era totalmente manejable. Esta vez me han puesto otro producto y aunque aun no tengo ningún hueco, hay peligro inminente de quedarme pelada.

El sábado llevé una peluca que me han regalado al salón donde me atiendo. Me la puse, me hicieron un corte para que se adapte a mi estilo y la dejé para que le cambien el color. Mañana la voy a recoger y tal vez salga de la peluquería con mi nueva cabellera. Será la primera vez que entre con el cabello corto y salga con el cabello más largo.

Entre tantos afanes, le contaba a mi hermana mis avances con la peluca, cuando mi sobrina de 13 años intervino: “No, tía, no. No te pongas peluca”. “¿Por qué no, si me voy a  quedar calva?” “No tía, es horrible”. Luego de reírnos y tratar de explicarle que estaba con un tratamiento que iba a hacer que se me cayera todo el pelo -pero que luego me iba a volver a crecer- ella interpretó que me estaba haciendo un tratamiento para que me saliera más pelo y me habló de unos tratamientos con lociones que no eran tan radicales.

¿Cómo decirle que el tratamiento no era un asunto capilar? ¿Cómo decirle que el tratamiento es porque tengo cáncer? ¿Cómo hacer que lo tome con naturalidad? ¿Cómo decírmelo a mí misma, primero? ¡Esa es la verdadera cuestión! ¿Cómo asumirlo con naturalidad? y ¿cómo contarlo a los demás sin quebrarme?

Al revés que Sansón, voy a perder la cabellera pero tengo que ganar fortaleza. Si artistas como Cher han aguantado tantas operaciones para estar REGIAS, yo puedo aguantar este pequeño trance para estar SANA.

Dios mío dame fuerzas para enfrentar mi nueva imagen en el espejo. Para seguir sintiéndome yo, y no perder la sonrisa. Bendice a Olimpia, mi peluquera, que con tanto cariño  se ha puesto a desenredar la peluca, a enseñarme como peinarla y que me ha ofrecido agregarle unos elásticos para que me den la seguridad de que no se me va a mover, si es que me quedo totalmente sin pelo. Bendice a mis amigas que me llaman y me dan aliento y que, sobretodo, se ponen a mi disposición para lo que necesite. ¡Cuídalas mucho!!