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martes, 26 de febrero de 2013

Médula milagrosa

Acabo de regresar de mi control con el oncólogo. Superé todas las expectativas. De 56,000 mis plaquetas subieron a 370,000 en solo 4 días.

El doctor dice que el descanso me ha ayudado bastante, pero no hay que quitarle méritos a la sopa de cuy (con su quinua y sus garbanzos), al hígado frito, al vaso, a las lentejitas, el batido de plátano con miel de abeja, algarrobina y huevo, la quinua-avena para el desayuno y la noche… en fin.

Agradezco a todos los que han rezado por mía a los que han hecho la novena del Divino Niño o cualquier otra, a quienes me han alentado de una y otra forma para que resista y me recupere.
Hoy estoy feliz por esta buena noticia y porque ya puedo mirarme en el espejo sin asustarme. En cuestión de tres días se me cayó el 95% de mi cabello.

Primero parecía Gollum (el duende de El señor de los anillos, inmediatamente me puse un gorro a pesar del calor veraniego. Esta mañana parecía cocoliso porque todavía me quedaban unos cuantos rulos en el cerquillo, pero entre el análisis y la hora de mi cita con el oncólogo pasé por la peluquería.
 
Ahora estoy feliz, sin cabello pero con mi nueva peluca. He tenido que improvisar, pero ha quedado bastante bien. En estos días debo preocuparme por sacar mi colección de aretes y pañuelos para sentirme más femenina, más yo misma.

 Señor, gracias, muchas gracias por este milagro de vida, gracias por mi médula que responde a las dietas nutritivas y se repone con el descanso. Bendice a todos los ángeles que me cuidan y me hacen sentir tan querida. No los menciono pero tú sabes de quienes te hablo.

domingo, 24 de febrero de 2013

Un pelo en la almohada


Un pelo en la almohada, luego otro en la tina, un manojo entre las hebras del cepillo. Muchos más en el suelo, sobre la ropa. Donde quiera que vaya dejo mi rastro de cabello. Mi nuevo cabello más ensortijado y suave que nunca me está abandonando.

Hace unos días – justo el día 15 del tratamiento- me brotó un dolor generalizado en el cuello cabelludo, se sentía como si todos los folículos pilosos se hubieran abierto. Yo supe que era la señal. El peinado ya no arma.

No he tenido fuerzas de ir a la peluquería, no he podido encargar una nueva peluca. Solo he rescatado algunos pañuelos y mi turbante.

Ayer la caída fue más dramática, ya se nota espacios vacíos en diferentes partes de mi cabeza. Me sigue doliendo el cuero cabelludo. Está inflamado.

Me habían dicho que con esta medicina no se me caería tanto el cabello. Craso error. Esta vez parece que se me caerá todo  y en pocos días.

Me divierto haciendo montículos con mis rizos caídos. Me paso la mano por la cabeza y formo estas bolas de pelo que se van sin despedirse. No me da pena. No me preocupo por la belleza perdida. La belleza no me preocupa hace muchos días. Me preocupa mi salud.

Al contrario de Sansón, yo lanzaré un grito de guerra en cuanto me quede totalmente calva y me cargaré de fuerza para luchar.

Estoy empezando una nueva etapa, la de la visibilidad. “Sí tengo cáncer ¿y qué? Tal vez tú tengas pero no lo sabes”. Eso le diré mentalmente a la gente que me mire en las calles. Si no es para sonreírme  darme aliento, mejor que no me miren.

Me doy cuenta que estoy más furiosa que nunca. No creo que sea por la pérdida de mi cabello. Solo estoy furiosa. Quiero llorar.


Gracias, Señor, por las lágrimas que se llevan las tristezas, gracias por la furia que al final se transforma en serenidad. Gracias porque sigo viva y con fuerzas para luchar.

viernes, 18 de enero de 2013

Veinte sesiones


Hoy tendré ni control por las 20 sesiones de mi tratamiento de radioterapia. Me faltan ocho y habremos finalizado este capítulo de mi lucha contra los nuevos nódulos.

Ayer conversaba sobre mi situación con un primo, entre nos, un gurú en comida natural, autocontrol y un iniciado en el tema del ayahuasca. Para mí, es un sanador.

Conversamos sobre mi consulta a mi doctora bioenergética, lo que ella me había indicado “Hay algo que tienes que resolver, que aún no has logrado.” Algo que tiene que ver con mi maternidad (no maternidad en mi caso), mi familia, mi filiación en el sentido más amplio.

Sí, es verdad, la presencia de estos nódulos me ha golpeado, me ha herido profundamente en mi ego. Yo soy muy competitiva y esos nódulos me han tomado desprevenida, con la guardia baja.
¿Dónde estaban mis defensas? ¿Qué le pasa a mi sistema inmunológico que no me defiende? ¿En qué anda ocupado mi cuerpo? Si es una forma de comunicación de mi cuerpo ¿qué me quiere decir?? ¿Qué debo cambiar??

Ya he cambiado de casa, ahora vivo sola. He cambiado de dieta, soy vegetariana y me cuido en lo que como. Lo que no he cambiado es mi forma de ganarme la vida. Hay sueños que siguen postergados. Y hay un tema que no cambia hace tiempo: no tengo pareja.

Una amiga también sanadora, me ayudaba a reflexionar. “Vuelve a escribir para adultos”, me sugería, “vuelve a tus cuentos de personajes femeninos a tu poesía erótica. Y si necesitas cámbiate de trabajo”.

Tantas reflexiones me tienen un poco aturdida. No sé cuál es mi posición en esto, por eso no he escrito con la frecuencia de antes.

Además las urgencias del día a día, me demandan mucha concentración. Alimentarme bien, evitar las diarreas, hacer ejercicio para que no se atrofien mis músculos otra vez. Colocarme emplastos de arcilla. Tomar graviola, mis pastillas de anticancerlín, hervir las hierbas chinas sin quemar la olla… descansar.
Lo que más me agota es ir a  las sesiones de radio a las 3,30 de la tarde, justo a la hora de la siesta, cuando mi cuerpo pagaría lo que sea por dormir un rato más. No sé si soy yo o si la máquina es caprichosa, pero lo cierto es que uno nunca sabe cuánto durarán las sesiones. A veces duran 10 minutos, a veces media hora.

Ingreso al cuarto del acelerador lineal, la encargada cambia la sábana a toda velocidad, me echo en la camilla, me bajo el pantalón y me subo la blusa, dejando mi vientre al aire, las encargadas me acomodan guiándose por una cruces que tengo marcadas en mi cuerpo. Una vez ubicada,  elevan la camilla. El aparato que tiene un plato giratorio está a escasos 20 centímetros de mi cuerpo. El brazo gira y el plato se coloca debajo de la camilla y desde allí me apunta con sus rayos. Hay una pantalla del computador donde alcanzo a ver las órdenes que le dan al acelerador lineal. Se despliega un menú, se despliega otro y otro, hasta que sale una ventanita roja y se escucha el zumbido. Cuento hasta 10, hasta 19 o hasta 20, algunas veces. Nunca dura lo mismo.

Luego vuelve a girar el brazo, se detiene a la altura de mi cadera izquierda, una de las encargadas ingresa y cambia una especie de filtro que le ponen al plato, se retira y empiezan con los comandos del computador y al ratito va el zumbido… 1,2, 3…19…23 y nos detenemos. Vuelve a girar el brazo y me apuntan por el lado derecho…19…23…30. O yo llevo mal la cuenta o me dan diferentes tiempos por cada lado.

Luego me bajan, me acomodo la ropa y salgo corriendo. Debo pasar por el baño porque me urge. No me hago ninguna bola al respecto. Si el baño está cerrado, busco otros u otro. No siento vergüenza, es parte de este proceso y lo vivo con dignidad.


Gracias, Señor por hacer que las 20 sesiones se pasen volando, gracias por tantas personas buenas que pones en mi camino y por tantos sanadores del cuerpo y del espíritu que están cerca a mí. ¡Bendiciones para ellos!

martes, 4 de diciembre de 2012

Nuevamente… ¡al ataque!!!


En 19 años como paciente oncológica puedo dar fe de cómo avanza la ciencia en beneficio de un buen diagnóstico o a favor de mayor exactitud y precisión durante el tratamiento.

En mis primeras dos experiencias de lucha contra el cáncer (años 1993-94  y 1997) recuerdo que enfrentar el día de control era un acto heroico. El oncólogo  me pedía un examen de sangre completo y un marcador Ca 125, una placa de tórax y una ecografía abdominal-pélvica. Además me hacía un examen clínico minucioso en busca de ganglios inflamados o alguna otra señal.

Esos minutos de silencio durante los cuales el doctor, leía los informes y observaba las imágenes se me contenía la respiración. Y cuando por fin el médico me decía “Vamos bien” o algo así, me retornaba el alma al cuerpo. Al principio estos controles eran cada tres meses, luego cada cuatro, luego cada seis y por último cada año. Hubo momentos terribles en que me enfermaba días previos a la fecha del control. 

Mis nervios me traicionaban. Si en esa época me hubieran dicho que alguna célula había escapado al tratamiento me hubiera desmoronado y entrado en crisis.

Hoy podría decir que mi peor miedo se ha hecho realidad. Durante el último control me han detectado dos pequeños nódulos que han escapado al tratamiento o que se han desarrollado una vez concluido este. Han pasado seis meses de mi última quimio y esta es la novedad.

Sí, estoy enfrentando un momento difícil, pero no me siento agobiada. Esta nueva tecnología del diagnóstico por imágenes ya venía mostrando cierta situación que se interpretó inicialmente como la huella de mi operación anterior, pero ahora ha mostrado una señal de alarma. Han pasado solo 20 días y ya me extrajeron uno de los nódulos, ya lo analizaron y ya estoy por iniciar un nuevo tratamiento. Esto es lo que se llamaría un diagnóstico precoz. En otras épocas este nódulo no se hubiera detectado hasta que hubiera presentado molestias y la ecografía solo hubiera detectado aquella actividad visible para ese método.

No me gusta creer que todo lo que aparece en la resonancia es cierto. Me gustaría pensar que mi cuerpo se va a defender solo y que podría desaparece el nódulo por su cuenta. Quisiera apostar que si esperamos unos meses tal vez cambie el panorama, pero para qué arriesgarme.

En estos días me tomarán una tomografía especial para que sirva de guía para la radioterapia, de modo que puedan atacar localizadamente  la zona afectada. Ahora estoy en manos de un radioterapista, un doctor que también trabaja en el INEM y que se une a mi equipo de salvadores.

He empezado nuevamente a realizar los códigos curativos, estoy trabajando el autocontrol. Mi frase del día es “Puedo triunfar o puedo fracasar, pero al menos sabré que el miedo no me paraliza. Confío en la vida y en la voluntad de Dios”. Así sea.


Gracias, Señor por los avances de la ciencia, por los doctores que no escatiman su tiempo, porque no soy una historia clínica ni una estadística más. Para todo el equipo médico soy Miski o Miskita (en diminutivo). Todos me saludan, me apoyan, me alientan y se preocupan sinceramente por mí. Gracias, Señor, por tantas bendiciones.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Feminidad herida


Hace un par de días, tal vez tres, asistí a la cita con mi ginecólogo oncólogo para que me extrajera el nódulo que se ha manifestado al fondo de la vagina.

Si alguna vez has ido al ginecólogo y te han hecho el papanicolaou, ya te imaginarás la situación. Solo que esta vez había un monitor de TV y otro aparato que no sé que era.

Bien tapada con mi batita estaba yo tendida en la camilla esperando que me anestesiarán o me inyectaran un relajante cuando el doctor atacó, empezó a introducirme el espéculo (así se llama ese horrible aparato) y por supuesto no entraba…

-“Relájese” me decía la enfermera, pensando que con su voz dulce  llegaría disipar mis peores miedos y temores.

-“¡AY!!” -era mi respuesta- ¡AUUUUU!, ¡AUCHHHH!, ¡AYYYYY!

De pronto se manifestó el doctor furibundo:

-Así no vamos a poder continuar… si no aguantas ni que te ponga el espéculo imagínate si sangras y te tengo que cauterizar…

-Pero, doctor, ¿no me va  a anestesiar??? -Pregunta ingenua, mi médico había decidido proceder "al natural”, sin mi consentimiento.

-El único dolor que se aguanta es el ajeno- dijo el doctor algo conciliador- Vamos a tener que sedarte.- Perfecto, pensé, ahora sí me inyectarán algo, pero no. De pronto escuché- Cámbiate, tenemos que pedir sala, aquí no puedo hacerlo.

¿WHATTTTTTTTTTTT???????????? ¿Qué pasó? ¿De qué me perdí? Si no podía hacerlo ahí, ¿qué hacíamos ahí…??       

-Cámbiate -me ordenó la enfermera.

Los ojos se me llenaron de lágrimas y me eché a llorar. Encerrada en el bañito-cambiador, lloré, lloré y lloré…. Mi feminidad había sido ofendida. Un tractor había pasado encima de mí y yo no me había dado cuenta.

El espéculo no me entraba ¿y yo tenía la culpa? WHATTTTT???? Todo sonaba a que yo era una caprichosa y le estaba haciendo perder el tiempo al doctor. Pero yo había sido muy clara y le había insistido en que me anestesiara porque ya había sido torturada en una experiencia anterior con otro médico. Me habían hecho una biopsia y casi me muero del dolor. “No quiero que me torture, doctor”, le había dicho claramente pero él no había entendido. O no quiso entender.

Quince minutos después, salí con mis ojos hinchados y la nariz roja, dispuesta defender mi cuerpo de cualquier agresor. Pensé que este también es un tipo de violencia contra la mujer, una violencia clínica, tal vez de emergencia oncológica… pero violencia. Me acordé hasta de Foucalt y los mecanismos de control del estado, pensé que “el Estado cree que el cuerpo de las mujeres les pertenece”. Mi doctor como trabaja en  Neoplásicas, que es un hospital el Estado pensará que puede decidir sobre las vaginas ajenas. Pudo haber tener la mejor de las intenciones en apurarse a extraer el nódulo y hacer el análisis patológico que necesitamos para que podamos seguir evaluando mi caso y hacer el tratamiento correcto. Pero de ahí a decidir sobre mi cuerpo y sobre mi dolor... no considerar mi voluntad… ¡Oh, craso error!! Esta vagina es mía y estoy dispuesta a defenderla hasta las últimas consecuencias.

Alguien le tiene que decir a los médicos ginecólogos, que las vaginas son de las mujeres, no del Estado, y que no es verdad que no se sienta dolor. Si son el centro del placer, cómo no van a sentir dolor… Pienso en la consulta con el dentista. En todo momento te ponen anestesia aunque no quieras Pero por qué los ginecólogos no nos ponen anestesia.

Ya me cansé de someterme en silencio a estas revisiones humillantes. Algo tiene que cambiar…Yo no soy una cosa, soy una persona. Y si  los médicos piensan que el dolor es imaginado o no lo es tanto, porque le cuerpo de la mujer está hecho para soportar el dolor del parto. Entonces que se metan el espéculo por donde les quepa, sin vaselina y sin anestesia, y después me dicen si duele o no.


Gracias, Señor por la claridad  que nos llega después de los peores momentos de turbación. Dame fuerzas para luchar por los derechos de la mujer frente a la consulta ginecológica e ilumina a los doctores para que nos comprendan.

martes, 9 de octubre de 2012

Exceso de entusiasmo


Mi último post alardeaba de mi recuperación física. Yo estaba sorprendida de haber podido mantener el ritmo de antes (mucho antes) durante casi 10 días consecutivos. Me sentía tan emocionada que hasta acepté la donación de una bicicleta estacionaria para hacer mis ejercicios.

No habían pasado ni 48 horas del mencionado post cuando me dio un ataque de cansancio absoluto. Llegué a casa como a las 7,30 de la noche y opté por descansar un rato. Me puse pijama, me acomodé bajo las sábanas y prendí la TV. Pasó un capítulo de Two and a half men, paso otro, empecé otro hasta que perdí la cuenta, cuando desperté estaba dando una serie antigua… ¿Qué raro?, pensé. Mire la hora eran la 1.30 de la mañana.

Es decir, había perdido una noche. El cansancio era tal que no cené, ni di de comer a mis hámsters ni menos las saqué a pasear.

“Ya fue”, decidí, apagué el TV me di la vuelta y hasta la mañana siguiente.

Desde ese día he bajado el ritmo. No estoy en competencia de resistencia con nadie, ni conmigo misma en mi estado no-atlético anterior.

He empezado a hacer 10 minutos de bicicleta por las mañanas y este esfuerzo me ha llevado a comer algo a las 11 am porque me siento desfallecer y además a dormir la siesta (de una hora) cada vez que puedo. Felizmente últimamente ha habido varios fines de semana largos…


Señor, gracias por los feriados que te permiten dormir un poco más y hacer la siesta. Gracias por este cuerpito que aunque se cansa, responde y se está recuperando. Gracias por mi nuevo cabello, totalmente rizado y con sus canas naturales. Gracias por muchas cosas, especialmente por las bendiciones que me ofreces cada día.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Recuperé mis fuerzas


La semana pasada puse a prueba mi resistencia física. 

Sábado tuve un matrimonio que terminó en una fiesta hasta las 2 de la mañana. Fui tan feliz como la misma novia, pero mis motivos eran otros. Por fin podía estar ahí con tacos, vestida bonita y con mi peluca recién peinada. Domingo descansé. Lunes me fui al cine. Martes y miércoles tuve un curso de 7.30 a 10 de la noche, lo que significó que estuviera casi 13 horas continuas en el trabajo. El jueves tuve una cena con mis primos, de ocho a 11.30 de la noche. Entre risa y risa el cansancio se desvaneció.  El viernes fui a una fiesta y bailé durante dos horas seguidas, como un trompo feliz!!!  

Este sábado: dicté mi taller con los niños por la mañana. Recargué mis baterías por la tarde y el domingo me fui de exploradora a pasear por Las Lomas de Lúcumo, en Pachacámac. Manejé mi auto, trepé el cerro en una caminata de una hora, almorcé rico y por la tarde fui a conocer unas huacas aún en estudio.  A las 6 de la tarde volví cansadita pero feliz!!!!

Yo estaba feliz no solo por haberme divertido, por haber socializado, por haber vuelto a la vida pero especialmente porque mi cuerpo ha estado en condiciones de seguirme el ritmo.

Este cuerpito que Dios me ha dado, es una máquina misteriosa, tiene un asombroso poder de recuperación. A cinco meses de mi última quimo ya estoy como si nada… Solo llevo dos marcas que aun me delatan: mi catéter y mi cabello que todavía parece una pelusa.

Aun me cuido y voy al trabajo solo tres días a la semana, los otros días monitoreo desde mi casa y puedo dormir la siesta. Siempre es bueno descansar pero ahora mi siesta es rápida,  no más de 30 minuto: y lo mejor de todo, ya no caigo como muerta.

Me imagino que la dieta y las hierbas chinas para controlar las transaminasas están haciendo su efecto.


Gracias, Señor, por el descanso, por la alegría de vivir, por ni familia y  los amigos que me apoyan, por las hierbas chinas y por escuchar mis ruegos… Pero, especialmente, gracias por mi cuerpo, con su ADN mutante y sus achaques, no me importa!!! Así lo quiero!! Es mi cuerpo y punto!! 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Pisando fuerte!!


Estoy decidida a avanzar por la vida dando pasos firmes, recuperando mis intereses personales.

Episodio I

Así lo hice hace poco, me inscribí en un taller de capacitación sobre Promoción a la lectura y escritura a través del arte relacional. Estaba tan emocionada descubriendo mi cuerpo y sus sentimientos para volcarlos en un poema, que me olvidé que alguna vez me hicieron quimioterapia, que aun tenía ciertas limitaciones en mis terminaciones nerviosas de pies y manos…en fin, me olvidé de todo.

Después de estar dos horas de pie, me animé a tomar unas fotos, saqué mi cámara fotográfica y me puse de cuclillas. Foto 1, foto 2, foto 3, un poco más a la derecha, un poco más a la izquierda… 

Cuando estaba por terminar, aún en cuclillas quise mover mis pies y ¡OH, OH!!! ¡Mis pies NO respondían!!! Pies a la derecha, indicaba mi  mente a los pies y estos nada. No sentía ni controlaba nada de mis pantorrillas hacia abajo. Traté de darme impulso con las caderas y solo conseguí rodar por el suelo como los muñecos porfiados.

Felizmente al caer se estiraron mis piernas y recuperé el control y pude levantarme…

Episodio 2

Después de un día atareado, como premio me voy a una tienda decidida a aprovechar las ofertas de fin de temporada y compararme unas botas. ¡Flechazo!!! ¡Amor a primera vista!!! Las botas de mis sueños, en mi talla y con un buen descuento…

Me las probé inmediatamente y para mi sorpresa me quedaban grandes. Pedí una talla menos y me quedaban bien. Palpé la punta de mis pies para ver si efectivamente mi pie estaba cómodo. Yo las sentí perfectas. Saqué mi tarjeta de crédito y me las llevé a casa. Me pasé pensando que falda me pondría para lucirlas al día siguiente. No veía las horas de estrenarlas… Más que emocionada metí mi piecito en la bota y ¡Oh, Oh, maravilla!! Parecía una de las hermanastras de Cenicienta tratando de entrar en el zapato de cristal… Mi pie entró en la bota pero no podía estirar los dedos. Al pisar era evidente que mi pie era más largo que el # 35 que había comprado. ¿Cómo fue que mi pie creció de un día para otro??? 

La respuesta es muy sencilla, las terminaciones nerviosas de mis manos y mis pies aun están afectadas por el placitaxel.
Por suerte logré cambiarlas botas por mi número habitual y ahora sí he podido estrenarlas… ¡Un éxito!!!


Señor, gracias por estos momentos de total amnesia de mi pasado reciente, del olvido total de mis limitaciones. Gracias por los buenos momentos que me regalas en esta nueva etapa de mi vida.

martes, 11 de septiembre de 2012

Un traspié por superar


No han pasado ni tres semanas de clases y ¡PLOP!!! Ya empecé a somatizar… Me brotó un herpes en el pecho y debajo del brazo. Gracias a Dios, que no me ha dolido tanto y que los brotes han sido realmente  pequeños. Mi sicóloga – sí ahora voy a una terapia de grupo- dice que eso me pasa por no hablar de lo que me molesta. ¡Mi cuerpo está protestando!!

Resulta que estoy aterrada de dejarme dominar por la rutina y las urgencias del trabajo. Es difícil para mí, no sentir cierta culpabilidad por haber estado ausente durante ocho meses y que el trabajo acumulado siga así, acumulado –sí, ¡estoy mal de la cabeza!!-.

Yo pretendo organizarme pero me doy cuenta que mis pares no respetan los tiempos de los demás. Hay que estar persiguiéndolos, replanteando citas, insistiendo porque te contesten. Así que ahora me doy cuenta que si no se avanza como se  debe, no es por mi culpa, sino por la ineficiencia de los otros miembros del equipo. Pero como no me gusta integrar un equipo ineficiente estoy dispuesta a apoyar incondicionalmente y ¡…ahí está la trampa!!! Debo aceptar que no integro el quipo de los 4 fantásticos sino el de los 3 gatos que cantan desentonados… ¡Qué golpe para mi ego!!!

Corolario: debo repensar mis prioridades laborales. Debo ponerme límites y aceptar las limitaciones de los presupuestos, los cronogramas, etc. Sin perder el ánimo.


Señor, dame fuerzas para aceptar que no puedo detener las turbulencias de la vida, que debo esperar que pasen sin tomarlo como algo personal. Bendice a mi equipo para que recupere el equilibrio perdido y trabajemos en armonía.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La realidad golpea


Luego de ocho meses de estar entregada a sanarme, he vuelto al ruedo. 

Como trabajo en una universidad dictando clases, empecé a ir una semana antes del inicio del semestre, para acostumbrarme. 

Al principio todo parecía ir bien, hasta que me di cuenta que no me podría ir temprano a casa, porque habían muchas cosas acumuladas en mis meses de ausencia. Quise quedarme hasta tarde para no ir todos los días, pero el problema que encontré es que no hay comida saludable para tomar un loche vegetariano. Todos los sándwiches tienen jamón, o queso o harta mayonesa.

De todas maneras me he quedado hasta tarde pero ahora llevo mi lonchera para la media mañana, el almuerzo y el lonche. Realmente es todo un esfuerzo prepararla y cargarla. Como llevo envases de vidrio en vez de plástico, ya el hombro se me descuelga.

Pero aquí estoy tratando de bajar el ritmo y controlar a quienes me presionan a hacer más de lo que debería. Una cosa es dar una mano, colaborar, otra es tomar toda la responsabilidad… pero a veces es necesario. Me doy cuenta que necesito trabajar mucho el autocontrol para no caer en el stress de siempre, perdón, de antes..

Cuando dicto clases estoy con mi peluca, pero en la tranquilidad de mi oficina me la quito y me pongo un pañuelo. A estas alturas ya no me importa si la gente habla de mí. En todo caso hablarán de “lo que pasó” o de “lo que ya superé”. Ahora que sé que he pasado mi control estoy más fuerte, así me digan que alguien dijo “que estaba cagada” ya no me afecta, me da risa.

El viernes me quedé en casa, a pesar que me parecía que debía ir a trabajar. Opté por monitorear desde lejos, logré descansar. El cuerpo me lo pedía. He comido sano y rico.

El lunes que se vislumbraba lejano ya llega. Me dispongo a reunir la energía que necesito para dictar clase y no morir en el intento…

Señor, te doy gracias por la energía renovable de este cuerpo autosustentable. Con la ayuda de mis médicos y el empeño que le ponemos todos en mi familia para comer bien, dentro de mi dieta vegetariana y , además, baja de grasas, estoy saliendo adelante. Sé que tú estás detrás de mi fuerza de voluntad porque sola yo no podría.

domingo, 5 de agosto de 2012

La tentación de la carne


El martes 13 de agosto tengo mi control de los primeros tres meses, después de la quimioterapia.

Desde hace una semana vengo experimentando todas las formas de somatización de mis temores y ansiedades. Me dio diarrea sin razón aparente, se me rajó la comisura de los labios y, lo peor de todo: tengo un cansancio infinito. Hay días que siento que, si no me echo a mi cama, me caigo. Y, sin más me desplomo y me desconecto del mundo por un par de horas, con el televisor encendido, o un buen libro caído de las manos.

Tal vez haya abusado de mi buena condición física. Primero me fui a Ayacucho, en un viaje relámpago de tres días pero por carretera. Luego vinieron las fiestas Patrias, de ahí me puse al día con la feria de Libro y fui en tres oportunidades a recorrerla de un extremo a otro.

Como estoy haciendo dieta vegetariana, tal vez haya descuidado la alimentación, una cosa es no comer carne y otra nutrirte con lentejas, frejoles, quinua y demás. Yo he estado comiendo causa, arroz chaufa, fideos, en fin… Creo que me he descuidado y mi hemoglobina ha bajado.

¿Y cómo sé que me he descuidado? Porque reconozco esta debilidad. Hasta tengo ganas de comerme una hamburguesa o una carne a la parrilla. Ayer no aguanté. La situación era extrema. Había llegado de un encuentro con niños en Pachacámac y tenía que recuperar fuerzas porque tenía un matrimonio por la noche. Entonces, me debatía entre no pecar pero seguir débil o pecar y recuperar mis fuerzas. 

Rápidamente, cedí ante la tentación de la carne y me despaché un Lomo a lo Pobre (que vino con arroz, papas fritas, un plátano frito y un huevo frito). Para no dejar huella me terminé la carne y el huevo rápidamente y dejé la parte vegetariana para el final, como si mi médico fuera a aparecer en cualquier momento a hacerme un ¡ampay!

Hoy he vuelto a las lentejas y acabo de tomarme una especie de ponche de quinua con manzana. Espero sentirme mejor y que de aquí al martes, (es decir, en dos días) mi hemoglobina suba, porque sino ya me imagino a mi oncólogo resondrándome por lo de la dieta vegetariana. ¡No quiero ni imaginármelo!


Señor, gracias por los alimentos nutritivos que pueden recuperar nuestro estado de salud mágicamente. Gracias por la quinua, las lentejas, los frijoles, los espárragos, las betarragas y las frutas secas.

viernes, 1 de junio de 2012

¿Y dónde está mi cabello?

Mi cabeza lucía como un alfiletero hace un par de semanas, pero todavía no se cubre mi cuero cabelludo. Es más me parece que los cabellos que asoman son los que resistieron la quimio, pero ¿dónde están los otros? ¿No van a volver? ¿Son invisibles? ¿Se han vuelto a caer?

Ya no sé qué pensar de la recuperación de mi pelaje… Cuando terminé el tratamiento aun me quedaba el 30% de mis cejas y pestañas, pero ahora, en vez de haberse poblado nuevamente se han caído casi por completo.
Me pregunto si la dieta sin proteínas, que empecé hace 10 días tendrá algo que ver. La teoría del médico chino es que no hay que alimentar a las células cancerosas, por eso no debo comer  ningún tipo de hormonas sexuales ni de crecimiento. Es decir nada de proteínas provenientes del reino animal, y nada de soya. Así que le he dicho chau a la leche de soya, al queso y a los helados…

¿Le habré dicho chau a mis cejas y pestañas, también, sin darme cuenta?? Espero que no, pero mientras espero que regresen, me impaciento. La falta de pestañas realmente es molesta, el ojo te pica todo el tiempo.

Pero si he de hablar de las molestias, tengo que volver a mencionar mis pies. Curiosamente – no sé si también coincide con que estoy tomando las hierbas chinas-, los pies están más acalambrados que nunca. Se acalambran incluso cuando estoy con zapatillas. A veces me saco la zapatilla para ver si no tengo la media arrugada en la planta o algo así, pero no. Mis pies están acalambrados la mayoría del tiempo. La duda es si estoy recuperándola sensibilidad y por eso siento el acalambramiento o si se me están acalambrando más que antes.

Pero el invierno siempre ha traído consigo los calambres. Hace un par de noches, me despertó una sensación rara en mi brazo derecho, se había estrangulado con la manga del pijama y estaba adormecido desde el hombro hasta los dedos. Ese día pensé morir de dolor, pero la falta de sensibilidad en los dedos de la mano me salvó. Tomó su tiempo y mucho dolor que volviera a la normalidad.

Felizmente el estómago está de lo mejor, no tengo gastritis y voy al baño regularmente después de cada comida.  Entre la nueva dieta y las hierbas chinas ya no siento que necesito echarme a dormir después de comer y es como si tuviera más energía.

Lo único que me preocupa es que se me acabe el descanso médico. Ya me acostumbré a vivir sin trabajar. Me siento amenazada ante la posibilidad de volver a la rutina de antes. Aun no estoy lista a enfrentarla. Necesito más tiempo.


Gracias, Señor, por las hierbas chinas que están limpiando mi cuerpo y sanándome. Dame fortaleza para seguir la dieta y no caer en la tentación de romperla, y dame paciencia para esperar el tiempo necesario para volver a ver mi cabello en el espejo. Bendice a todos los que me apoyan de cerca y de lejos. Amén.




sábado, 19 de mayo de 2012

Hay algo ahí, pero ¿qué??


En las películas del lejano oeste los indios apaches no dejaban que les tomaran fotografías porque creían que la fotografía atraparía su alma. ¿Qué habrían pensado estos sabios indios si hubieran conocido la resonancia magnética, es decir una fotografía interna de todos tus órganos?

Se habrían negado, es todo lo que intuyo.

La ciencia avanza muchísimo, el diagnóstico por imágenes permite descubrir nódulos por más pequeños que sean, el problema es que los detecta, sabemos su ubicación y su tamaño aproximado  pero son solo un indicio, no es una foto real.

La interpretación es ahí hay algo, pero ¿qué es realmente aquello que se ve en la placa?

En mi caso los nódulos siguen siendo pequeños (menos de 1 cm), en algunos casos se interpretan favorablemente como cicatrices de algo que fue y ya no está más, en otros se cree que es un ganglio inflamado sin enfermedad y en otro parece que hay que seguir batallando.

Lo cierto es que Dios tendrá que guiar a mis doctores para interpretar adecuadamente estas luces y sombras que son lo más cercano a una foto de lo que ocurre dentro de mí. Mientras tanto, yo debo seguir rezando, en primer lugar, cuidándome, en segundo lugar, y enamorándome cada vez más de la vida para que mi organismo haga link con mi cerebro (deseos y emociones) y rompa el karma.

Confiar es una tarea difícil, yo estoy confiando mi restablecimiento a mis oncólogos, que son buenísimos, tienen mucha experiencia y un gran corazón. El día lunes habrá junta de médicos para revisar mi caso y ver mis opciones.

Como señala el nombre de mi blog. La Vida nos enfrenta alternadamente -y a veces abruptamente- a Sueños y Sombras. Un día celebramos, al día siguiente estamos acongojados, esa es la prueba. Para entretenerme hoy me mudaré a mi nuevo hogar. Disfrutaré de este Sueño que se hace realidad  y dejaré las Sombras del miedo y la incertidumbre adormiladas hasta nuevo aviso.


Seños, gracias por las buenas noticias acerca de mi salud y por los sueños realizados. Bendice a mis doctores y a todos los doctores del mundo porque tienen en sus manos la  vida de sus pacientes. Dame fuerzas para aceptar tu voluntad y más fuerzas, aún, para seguir luchando.

jueves, 10 de mayo de 2012

Caprichosos pies de limeña


No sé de donde proviene esa idea que las limeñas tenían los pies pequeños… lo cierto es que mis pies por estos días andan en mi mente todo el tiempo. A veces parecen que siguen siendo pequeños, pero a veces pareciera que crecen tanto que ya no caben en el zapato.

Elegir el zapato adecuado que voy a usar es toda una decisión. Depende de cuánta sensibilidad tenga en la planta del pie y debajo de los dedos.

Luego de haber pasado el verano balanceándome sobre mis sandalias de corcho con taco 12 y plataforma, ahora no me atrevo. A partir de la quinta quimioterapia mis pies se han resentido por efecto del Cisplatino.

Hace 18 años los efectos eran más dramáticos, simplemente mis piernas (desde la articulación de la cadera a los pies) eran un globo, pero no estaba hinchada solo era una sensación. Recuerdo que levantarme de la cama y mantener el equilibrio con mi imaginario cuerpo abultado era un triunfo. Pero a todo uno se acostumbra y pronto logré superar esta situación. También llegué a perder la sensibilidad en el lóbulo de la oreja derecha. Me lo tocaba y no sentía nada. A mí me divertía que mi cerebro no reconociera una pequeña parte de mi cuerpo, pero sí me preocupaba eso de andar un poco sorda por esos días.

A mi oncólogo de entonces estos pequeños efectos colaterales no le importaban para nada… Mi oncólogo actual, en cambio,  se preocupó cuando le dije que había sentido agujitas en el rostro con la segunda sesión de cisplatino y cuando le hablé de mis pies adormecidos me preguntó si me tropezaba. Como le dije que no era para tanto, pasamos la página.

Pero basta que le digas al doctor que no te tropiezas para que te empieces a notar los efectos de la falta de sensibilidad. El primero fue no saber dónde empieza ni dónde acaba mi pie. Me estaba probando unas lindas botas durante un cierra puertas de una conocida tienda, cuando tuve la exacta sensación que en vez de pies tenía pezuñas.

Sí, mi pie estaba dentro de la bota, pero no sentía ni el talón ni los dedos. Por más que yo trataba de presionar los dedos para saber si la bota era de mi talla o no, no lograba sentir nada.  Esta ha sido la primera vez que me he comprado botas al ojo – el precio valía la pena- y parece que acerté.

A diferencia del primer día de usar cualquier zapato -y sobretodo cualquier bota-, esta vez no me ha dolido ningún dedito, no he sentido ninguna presión, ninguna señal de que me deba cambiar de zapato. Pero cuando me saco las botas me reviso bien los pies no vaya a ser que se haya formado una ampolla y  yo no sienta nada. Así de insensible me he vuelto.

Las manos también han perdido sensibilidad, cuando terminó el tratamiento se me dificultaba doblar los dedos, como si estuvieran hinchados o las articulaciones hubieran colapsado. Felizmente no hay dolor, solo hincones en las yemas de los dedos. Ahora que ya estoy en el día 14 desde la última quimio, los dedos de la mano ya no me hincan, pero todavía están torpes. Tareas tan sencillas como destapar una botella con tapa rosca son un terrible reto, ni hablar de dedicarte a la costura o el bordado… Tomar el lapicero y firmar los vouchers de la tarjeta de crédito es un ejercicio para mis manitas. Si no recupero mi sensibilidad pronto, voy a  tener que cambiar la firma de mi DNI porque las cajeras me miran de forma sospechosa y si le sumas que mi cara está diferente por la peluca… inmediatamente surgen las sospechas…


Señor, gracias por mis manos que me acompañan fielmente sin quejarse, gracias por mis pies que aunque adormecidos me llevan a donde yo quiero. Gracias, Señor, por este cuerpo que soporta el tratamiento y la ansiedad sin abatirse. Y gracias, Señor, especialmente por la magnífica capacidad de recuperación de nuestros cuerpos. Realmente estabas inspirado cuando nos creaste.

jueves, 19 de abril de 2012

Políticamente incorrecta


Mi hermana mayor me acosa diciéndome ¿por qué no te pones la peluca! Yo no sé qué contestarle, no sé si lo hago por comodidad o porque me gusta mi imagen en el espejo con pañuelitos, turbantes,  gorritos o lo que fuera que se me antoja ponerme. Por lo menos píntate las cejas, fue su última advertencia, y en eso sí tenía razón. Con un buen retoque a las cejas se te va el aire de enferma. 

Por suerte, de toda mi cabellera lo único que queda son las patillas y eso también ayuda.

Cuando estuve de viaje fui feliz.  Como era primavera, en el día usaba un gorrito coquetón con quepí y en las noches me ponía una boina negra de paño. La gente pensaría que era una artista o un artista con quimio –¡adivinaron!-. Yo me sentía súper libre porque nadie me conocía. Acá en mi ciudad natal todo es diferente.

Hay que pensar en no asustar al prójimo, para evitar las explicaciones… El otro día llamó a mi casa una vecina que nunca nos habla, la verdad sea dicha del saludo no pasamos. Pero llamó para saber por mi salud. Dice que me vio y que el pañuelo se me había movido y supo inmediatamente que algo raro pasaba. Lo bueno es que se trata de una señora evangelista y está orando por mí. Se lo agradezco.

Creo que a mi hermana le molesta que luzca enferma porque soy una amenaza para sus temores. Ella fue la primera en tener cáncer de ovario hace 19 años y tuvo dos episodios al igual que yo, y, al igual que me pasó a mí antes de recaer, está por cumplir 14 años sana.

Me doy cuenta que soy un símbolo viviente de que el cáncer le puede dar a cualquiera, o de que puede volver a atacar y hay que estar alerta. Pero, además, soy un símbolo de que los enfermos de cáncer no parecen estar enfermos, de que los pacientes de quimio no se parecen a los pacientes de la Teletón.

Cuando estoy sin peluca me convierto en una presencia políticamente incorrecta para mi sociedad ignorante y temerosa. Y tal vez esa sea mi misión en esta vida…

El otro día estuve en Wong, fui con mi pañuelito y sin asco me coloqué en la caja preferencial. Como había poca gente a esa hora, delante de mí había una señora joven y perfectamente sana que empezó a dar signos de bochorno en cuanto me vio. He decidido aprovechar lo que me queda de tratamiento y estacionarme en el lugar reservado para minusválidos y ponerme en la cola preferencial en el banco, tenga o no peluca… Es mi derecho y es algo que debo aceptar, aunque todos me digan que me veo bien.

Ayer fui a buscar un colchón nuevo. Me había olvidado que tenía un pañuelito puesto- siempre me olvido que soy una presencia amenazante-. Cuando le expliqué al vendedor que buscaba un colchón firme pero no muy duro y luego de probar varios de los que tenían en exhibición sin éxito, interrumpiendo su discurso tecnológico con mis explicaciones que tengo un dolor en el área lumbar y que el súper relleno que me recomendaba me empujaba las costillas de abajo para arriba, comprendí que había metido la pata. Pobre vendedor, pensaría que tenía cáncer de huesos, porque yo personificaba a doña Dolores... Cómo explicarle que la última vez que compré un colchón me vi obligada a devolver los dos primeros que escogí alegando que no podía pagar tanto por un colchón de marca que me hiciera doler el cuerpo al extremo de no poder continuar durmiendo. Supongo que como al final terminé comprando el más caro de todos deben haber retirado  mi foto de la lista de indeseables en la tienda...

Visualicé mi propia imagen, con pañuelo en la cabeza, tirada sobre cada colchón que me recomendaban: de espaldas, de costado -¿existe otro modo de probar un colchón?- y me descubrí como una modelo de catálogo oncológico ...Ja,ja,ja, ja!!!! Al final me cotizaron el segundo más caro de la tienda y me fui dejando ilusionado al vendedor con la posible venta.

Por la tarde fui a hacer un trámite y la señora que me atendió fue por demás atenta, intervino a mi favor y dijo: las señora está un poco delicada.... yo sonreí  por dentro, me acomodé el pañuelo  y me pareció escuchar la voz de mi hermana impaciente diciendo ¿por qué no te pones la peluca!

Señor, bendice las cajas preferenciales, bendice a la gente amable y comprensiva que tiene gestos cálidos con los pacientes oncológicos. Protege,además, a las pacientes testarudas como yo que teniendo peluca, salen al mundo con su pañuelo delator.

lunes, 16 de abril de 2012

Este cuerpo que habito


Cada día me convenzo más que hice lo correcto al pedir descanso médico en mi trabajo. Han pasado 13 días de mi quinta quimio aquí estoy racionando mis fuerzas. No más de dos horas de actividad y mi cuerpo exige un prolongado descanso. A veces siento que estar sentada no es suficiente y debo echarme en mi cama para recuperarme.

El ser humano cuenta con un mecanismo maravilloso que busca su propio equilibrio como razón de existencia, lo que llaman homeostasis. Si no haces caso al cansancio, te envía un ataque de bostezos hasta que comprendas que “o descansas o descansas…”. Si no te  estás alimentando como debes te envía unos antojos que te atacan hasta en sueños y te tienen todo del día pensando en comida, pero no creas que en golosinas, sino en frejoles, lentejas, carne –mucha carne- hasta en sopita de chifa.

Ayer fui a Wong y encontré esos plátanos palillo- ¿y qué creen?- Mi cena fue plátano frito con huevo frito, algo que no como casi nunca porque le temo a las  frituras. Pero no me pasó nada.

Hoy mi almuerzo será ensalada de lentejas con palta, tomate y unas hebras de pollo… ¡Hmmm! ¡Ya no puedo esperar! De postre prepararé una mazamorra morada natural con sus pasas y sus guindones.Voy a estrenar una harina de maíz morado que encontré en la Bioferia, ¡ya les cuento!!

Y para tomar un emoliente casero…

Como les decía, felizmente que estoy de  descanso médico. Solo así podría descansar y tener el tiempo suficiente para preparar mis alimentos nutritivos, los que pide mi cuerpo - este cuerpo que habito (parafraseando el título de la última película de Almodóvar “La piel que habito”).

Este maravilloso cuerpo que Dios me ha dado me habla de las más diversas formas, pero debo conectarme con él para escucharlo. Comprendo que soy su huésped, su único huésped, así que él depende de mí tanto como yo de él.

En 10 días cumpliremos 50 años de coexistencia en este mundo. Como mi calendario de quimios se modificó por Semana Santa, ya no coincidirá con mi última sesión, sino con el tercer día de mi sexta y última quimio  -según lo planeado. Por lo tanto será un cumpleaños especial, volveré a las prioridades básicas del recién nacido: comer, dormir y hacer pufis…Lo tomaré como un renacimiento. Yo lo siento así.

La celebración tendrá que ser unos 15 días después cuando ya esté con fuerzas para organizar y disfrutar.

Gracias, Señor, por este cuerpo maravilloso que habito, por este cuerpo luchador que lleva por su sangre Paclitaxel y Cisplatino a raudales además de lucir orgulloso las huellas de varias cirugías y tratamientos… le asuste a quien le asuste.